johana.robles@eluniversal.com.mxEn la Ciudad Perdida de Tacubaya, temida por su fama de inseguridad, sus habitantes han visto desfilar decenas de candidatos de todos los partidos políticos que les prometen que los apoyarán para dignificar sus viviendas.
Pero las décadas transcurren y los techos de láminas de asbesto y cartón, las paredes de madera, los lavaderos de piedra y baños individuales en el patio continúan.
“Queremos que en todo Tacubaya sea palpable y no puras promesas”, expone con tono enérgico un integrante del comité vecinal a Demetrio Sodi, candidato del PAN a la jefatura delegacional en Miguel Hidalgo y cuyos resultados preliminares lo dan como ganador de la contienda.
Y es que los vecinos aseguran que todos vienen a pedirles el voto y no les ayudan. Hasta Carlos Salinas de Gortari, en 1988, los visitó, aseguran los más viejos.
Ahora, con el regreso de Demetrio Sodi, dos días después de las elecciones, les da una esperanza. “No se ha hecho nada, es tremendo cómo vive esta gente ojalá ustedes pueda hacer algo”, comenta un hombre, que se bajó de su camioneta, a Demetrio Sodi quien asegura que los apoyará.
La lluvia de peticiones y reclamos es larga: que ya se han hecho censo para que les den vivienda en el gobierno capitalino, que temen por los operativos policiacos, que necesitan láminas y polines para reforzar sus casas.
La CP, como le llaman sus moradores y vecinos de Tacubaya, es un predio que abarca una manzana completa y tienen cuatro salidas: Mártires de Tacubaya 115, Héroes de la Intervención 37; Becerra 38 y 11 de Abril.
La situación jurídica del predio ha complicado el arreglo de las viviendas de la familia. Además de que se ubican, en partes, arriba de suelo minado, explica Lía Limón, candidata del PAN a una diputación local.
Luz María González, quien vive ahí desde hace 41 años, afirma que son casi 150 familias las que habitan en la Ciudad Perdida. Sin embargo, otros contabilizan hasta 500 familias porque hay desdoblamientos, es decir, en una misma casa viven los abuelos, padres e hijos.
“Tenemos mucha mala fama de alrededor de las colonias porque hay drogadicción, pero también hay gente buena, aunque contada”, justifica. Al adentrarse, en la Ciudad Perdida lo primero que salta a la vista es el agua en el cemento roto. Los vecinos señalan que las tuberías de agua y drenaje están rotas, por lo que emanan fuerte olores a cada paso.
El hacinamiento es otra característica de las casas de la CP. En cuartos pequeños habitan tres o cuatro personas. Pero, en contraste, a la par de los tendederos de ropa sobresale una antena para un sistema de televisión de paga. “Antes los niños podían estar en el patio, pero con los operativos ya no. Por eso ya ponemos puertas porque los policías se meten a las casas y se llevan todo y a todos parejo”, comentó una vecina.