sara.pantoja@eluniversal.com.mxSus chalecos negros, amarillos, rojos, verdes y azules no tienen nada qué ver con su preferencia política. Ayer, los “valet parking” y “franeleros” de las colonias Condesa y Roma dejaron a un lado las llaves y la jerga; tomaron una boleta y votaron.
Es la hora de la comida, es viernes y es casi final de quincena. La “urna volante“ de EL UNIVERSAL avanza por las calles de estas colonias en busca de la intención del voto de aquellos que viven con el deseo eterno de poseer un auto de los que conducen y lavan para luego ver, sin consuelo, “cómo se alejan”, lamentó ayer uno de los “valets”.
“Anulado, no voy a votar por ninguno”, dice una de las 36 boletas de 100 que resultan nulas en este sondeo periodístico. “No voto porque el pueblo es engañado siempre”, “no voy a votar” y “NULO”, así, con mayúsculas, dicen otras boletas.
Las reversas, los contrasentidos y los enfrenones que ya dominan en esas calles atestadas de autos, no les dejan mucho tiempo para opinar, pero si para cruzar la boleta de esquina a esquina y luego correr de nuevo a recibir la camioneta Lobo o el Áltima con vidrios polarizados.
Esta dinámica deja al Revolucionario Institucional con 20 votos, al PRD con 16 y al PAN con 12 votos. Los demás, se van con los partidos más pequeños.
En la calle Nuevo León, tres “valets” participan y uno le dice al otro: “¿vas a votar por los mismos grillos pri pri pri?”, imitando uno de los spots que aún se transmiten por la radio.
“Tu tu tu tu tu”, suena el claxon de un coche que no puede pasar porque uno de los “valets” es nuevo y aún no tiene la maña para estacionar un auto mediano en un espacio de compacto.
Menos aún tiene cuidado en la advertencia que le hace el dueño: “ahí viene mi laptop eh, te la encargo”.
“Viene viene” más de lo mismo
De la Roma a la Condesa, la urna aborda un taxi y siente “bochorno”. Pero no porque estuviera embarazada, sino por el calor que sufre durante los más de 14 minutos que tarda en atravesar la avenida Insurgentes.
Es que hay una manifestación en Setravi y una marcha de maestros, dice el chofer.
Librado el obstáculo social, en una de las tantas calles que hacen esquina con el Parque México, un franelero, con su jerga roja al hombro, indica “viene viene, viene viene” y comenta: “Yo no quiero votar porque ya no sé ni por quién. Antes votamos por el PRD y mira cómo nos trae”.
De cabello cano y mejillas quemadas por el sol, acompañado de su cubeta con agua, otro dice: “Yo nunca voto. La única vez que fui a votar una señora me regañó, pero si fuera anularía mi voto”. Más molesto, otro confiesa que su sufragio será nulo pues, dice, las autoridades que no les ofrecen apoyos, por el contrario, promueve acciones para sacarlos de las calles.
“Ojalá los políticos cumplieran todo lo que prometen, pero todos nos damos cuenta de que no es así, todo es a conveniencia de ellos, por eso no tengo preferencia por ningún partido”.
En un estacionamiento público, un lavacoches duda: “que raro que ahora tengan interés en conocer la opinión de la gente”. No bastan las explicaciones de que es un sondeo periodístico, pero aún así, dobla la boleta en blanco y, a punto de dejarla caer dentro de la urna, su compañero de oficio le aconseja: “Vote por el PRI, de todos modos es lo mismo, ya mejor que vendan al país”.
En otra de las calles divididas por un camellón, un repartidor de pizza se anima a votar sin quitarse ni el casco, pero no opina porque los 30 minutos ya van contando.
Ese es el voto de los trabajadores del volante ajeno entre el centro neurálgico de la industria restaurantera capitalina.
El de los paseantes de la zona poco se conoce porque apáticos, dicen “No tengo tiempo”, “perdón, sólo tengo una hora para comer” y se van caminando lentamente. (Con información de Karina Suárez, David Galicia y Fernando Ramírez)