edith.martinez@eluniversal.com.mxEstudiantes de nivel bachillerato del Distrito Federal manifestaron su preocupación por la posibilidad de contagiarse con el virus de la influenza humana al encontrarse de nuevo en la escuela, en donde mantener la distancia entre grupos y evitar el contacto se vuelve una tarea complicada.
Abril, estudiante de cuarto semestre de la preparatoria Ricardo Flores Magón, administrada por el gobierno de la ciudad de México, consideró que ante la epidemia de influenza humana, ninguna precaución está de más.
Por ello, la entrega de un cubreboca, un sobre de sanitizante y un jabón para las manos que les dieron en la entrada del plantel “es lo mínimo que pueden hacer”.
Sin embargo, coincidió con su novio Jesús en que los besos no pueden evitarse.
“Yo creo que si los dos están sanos, no hay de qué preocuparse”, dijo.
A las 8:00 horas, los jóvenes tuvieron que formar una fila para poder entrar a la escuela, en la cual la mayoría no portaba el tapaboca y algunos aprovecharon la espera para desayunar una guajolota.
En la puerta principal se ubicaron los dos médicos del plantel, quienes interrogaron a los estudiantes: “¿Tienes algún síntoma? Dolor de cabeza, fiebre, tos...”. A la respuesta negativa se le daba el acceso, y sólo dos alumnos respondieron que sí. A ellos se les tomó la temperatura, se les revisó garganta y ojos para descartar que se tratara de la sintomatología de la influenza humana.
Aunque algunos estudiantes dijeron no creer en que exista la enfermedad, por considerarla “una manipulación política”, reconocieron la necesidad de extremar precauciones.
En el primer día de la alerta sanitaria en amarillo, nivel en que las actividades se reanudaron al ciento por ciento, el control del contagio recayó en la sociedad, dijo David Peralta, encargado de una fonda de calzada de Tlalpan. “No se puede andar detrás de la gente diciéndole ‘lávate las manos’ o que no se puede acercar tanto a la otra persona”.