No hubo castillo ni feria; tampoco misas ni música de banda. La tambora y los trombones fueron sustituidos ayer por un sonido local que tocaba salsa y merengue para romper un silencio que los habitantes del pueblo de Santa Cruz Meyehualco, en Iztapalapa, no conocían.
Y es que por primera vez en más de 50 años, la fiesta patronal que cada 3 de mayo se celebra en honor a la Santa Cruz, se canceló por la alerta sanitaria decretada en torno a la influenza humana.
La Arquidiócesis de México, según podía leerse en una pancarta pegada en la puerta de la parroquia de la Santa Cruz, determinó cerrar el templo y cancelar las celebraciones religiosas desde hace cinco días y hasta nuevo aviso.
Apenas un par de cohetes se dejaron oír alrededor de las 12 del día. En otros años, la gala pirotécnica es tal que sobre el pueblo, el cielo se oscurece por los nubarrones de humo.
Algunos visitantes, no más de 10, llegaron al templo con la cruz que suelen colocar en la azotea de sus casas para ser bendecida; sin embargo, se tuvieron que ir sin la venia del párroco porque las puertas del templo no se abrieron.
Las caras tristes dominaron la pequeña explanada, donde lo más colorido fueron las lonas de los puestos de tamales, quesadillas, frituras, flores y veladoras, cuyos encargados lucían un poco más tristes que el resto de los visitantes.
Para Ricardo Juárez, quien vende flores junto a la parroquia, la cancelación de los festejos significó perder 50% de ventas. Desconoce si la fiesta que ayer se canceló se celebrará en otro momento, o si la iglesia abrirá en los próximos días; sin embargo, dice, no deja de rezar a la Santa Cruz por el fin de la epidemia y porque la vida regrese a la normalidad en el pueblo.
Las calles Cuitláhuac, Cuauhtémoc, Benito Juárez e Ignacio Zaragoza, donde suelen instalarse los juegos mecánicos, lucieron completamente vacías. Ni siquiera se instalaron en las banquetas, como es ya su costumbre, los puestos de pan de feria.
“Queremos una explicación”
Jorge no es originario de Santa Cruz Meyehualco; sin embargo, a sus 30 años lleva la mitad de su vida acudiendo cada 3 de mayo a la celebración de este pueblo. Comprende los motivos del cierre del templo y la cancelación de la fiesta, pero dijo que le gustaría que la fiesta se celebre en otra ocasión “porque es una fiesta grande para nosotros que somos creyentes”, explicó. “Ahorita ya estaría la banda tocando, el castillo listo para encenderse, todo sería alegría y felicidad; es triste ver el pueblo así”.
Para otros fieles de este barrio de Iztapalapa, la situación es inconcebible y exigieron una explicación más convincente que la prevención de contagios por influenza tipo A, como Juan Manuel, vecino del pueblo desde hace 64 años, quien botella de mezcal en mano se quejó: “¿Por qué ahora, en el día de la Santa Cruz? Esto es un atentado contra el pueblo y contra sus tradiciones porque ni siquiera nos pidieron permiso”.