Con tinacos que se regalarán a habitantes de zonas marginadas, el
gobierno del Distrito Federal pretende hacer frente a la escasez de
agua generados por los cortes al suministro en el Sistema Cutzamala.
Ayer, en el parque Huayamilpas, en la degación Coyoacán, Marcelo Ebrard Casaubón, jefe de Gobierno capitalino, entregó los primeros 100 tinacos con capacidad de mil 100 litros cada uno, a vecinos de las colonias Pedregal de Santa Úrsula, Ajusco y Pedregal de Santo Domingo.
Este nuevo plan del gobierno para garantizar el abasto de agua planea la distribución gratuita de 7 mil tinacos a habitantes de las zonas altas de la ciudad y delegaciones como Iztapalapa, Coyoacán y Alvaro Obregón, en donde es común la falta del líquido.
De acuerdo con Ramón Aguirre, director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACM), este proyecto de abasto de agua costará a la administración alrededor de 7 millones de pesos, pues el gobierno capitalino ha comprado cada pieza a mil pesos.
Para elegir a cada beneficiario de este programa, el GDF levantará encuestas en aquellas comunidades donde es frecuente el desabasto. Se dará prioridad a las personas que no cuentan con un tinaco en su vivienda.
De acuerdo con Marcelo Ebrard, una de cada cuatro familias en el DF tienen un tinaco y para esas personas es mucho más difícil prepararse ante la escasez. Así, el mandatario subrayó la importancia de este programa, pues advirtió que el agua será un elemento muy escaso en los años que siguen, debido al cambio climático que ha modificado los patrones de lluvia en el centro del país.
Reparto
Luego de que Ebrard entregara los primeros tinacos, en las calles de la colonia Huayamilpas se observaba a personas que transportaban su “regalo” en diablitos o de plano los cargaban sobre la espalda.
Ese era el caso del señor Fernando Benitez, un hombre de 73 años al que ya le faltaban las fuerzas para cargar el tinaco hasta su casa.
Iba acompañado con su hija, con quien compartía el peso del nuevo contenedor, el cual dará servicio a 10 integrantes de una familia que hasta ahora almacenaba y administraba el agua potable en tambos y cubetas. “¿Cuándo iba yo a poder comprar un tinaco como este? Nunca”, decía don Fernando, tomándose continuos descansos para avanzar con el contenedor.