A Elizabeth no le gusta que su papá la limite en su alimentación; dice que uno de sus derechos es comer y usa argumentos legales para respaldar sus palabras.
A sus nueve años, esta pequeña conoce la Ley de los Derechos de las Niñas y los Niños del Distrito Federal porque en la escuela se la enseñaron. Lo que no le dijeron es que también debía obedecer a su padre, sobre todo cuando éste se encuentra preocupado por su sobrepeso.
Este es uno de los casos más sencillos en los que los menores de edad de la ciudad de México hacen uso de la ley para hacer frente a los señalamientos de sus progenitores.
Al Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia local (DIF-DF) llegan más, pero con otro tipo de connotaciones, en las que los padres son amedrentados por los hijos después de haberles propinado una paliza.
Adriana Monroy, subdirectora del Programa de Atención y Prevención del Maltrato Infantil del DIF-DF, asegura que han tratado con menores que acusan a sus padres de haberlos violentado, y al indagar se comprueba que fue un hecho aislado, derivado del mal comportamiento del pequeño.
Los padres llegan temerosos por las acusaciones de sus hijos, pero se muestran incluso complacientes con ellos, lo cual genera que en la familia los roles se encuentren alterados y en ocasiones sean los menores los que manden en casa, explica.
En esos casos se trabaja con la familia para enseñarle a cada uno de sus integrantes cuál es el papel que debe realizar y evitar mayores problemas.
Aunque en la sociedad no existe una cultura de la denuncia, comenta, este organismo ha recibido llamadas telefónicas de niños que tienen a su papá a un lado y deciden acusarlo: “Está el papá del otro lado diciendo ‘sí, acúsame, ándale, y ahorita me lo pasas’, y cuando hablas con el papá te cuenta que sí le pegó, pero porque el niño se robó el monedero de la abuelita y se fue a gastar el dinero con sus amigos o cosas así”.
Todas las tardes además reciben llamadas de niños que acusan a sus papás de maltratarlos, pero resultan ser bromas porque se oye que están con sus amigos y sus risas: “Hay quien finge llorar y hasta los que dicen cómo los maltratan”.
Aunque son pocas las llamadas de este tipo y no se registran en la cifra de denuncias, explica, se habla con los menores en busca de indicios que muestren si es un caso real de maltrato o no.
Pero para el Sistema DIF-DF, el hecho de que los menores tomen el teléfono y sepan marcar el número de este organismo, es un indicador de que los niños conocen sus derechos y están dispuestos a hacerlos valer.