TULTITLÁN, Méx.— Dilan, a sus seis años, sólo observó el féretro en que estaba su madre y pensó que estaba dormida, pues su abuela no supo cómo decirle que ella había muerto en el combate de un incendio.
Ángela de Jesús Mendoza, de 24 años, murió la tarde del domingo en la extinción de un incendio que devoró bodegas de la comercializadora Waldo´s, en Cuautitlán Izcalli, en donde trabajó por varias horas junto con 150 bomberos de 11 corporaciones municipales, entre ellas la de Tultitlán a la que pertenecía, además de vulcanos de Atizapán, Ecatepec, Tlalnepantla y Naucalpan.
En Edomex hay 687 bomberos, pero sólo 27 son mujeres de línea, que trabajan todos los días en el control de fugas de gas, extinción de incendios y rescate de personas en accidentes, informó el comandante Héctor Elorriaga, delegado estatal de la Asociación Mexicana de jefes de Bomberos.
Angie era una “de las bomberas más capacitadas, pues pese a su juventud, tenía una trayectoria de cinco años en el combate de siniestros, con diversos cursos en el manejo de sustancias para el control de incendios químicos, lo que le permitía dar asesoría y capacitación a industrias de la zona, señaló Eva, su hermana mayor, quien fue su guía al ser la primera mujer bombero de línea”.
Eva y Ángela, junto con sus hermanos Enrique y Juan, así como Álvaro, su cuñado, forman parte de una familia de bomberos que trabajan en las corporaciones de Atizapán, Tlalnepantla y Tultitlán, en el combate de incendios. Los hijos de ellas dicen que serán tragahumo. “El trabajo rudo lo aprendimos de mi madre, Natividad Mendoza Barrón, quien desde niñas nos llevaba a las obras de construcción en que ella trabajaba cargando cemento”, dijo Eva, quien tiene 12 años como bombera.
En las emergencias el trabajo de las mujeres es igual que el de un hombre, pues en la línea de fuego no hay distinción, “al contrario ella por su habilidad se distinguía por llegar a rincones a los que un compañero no podía”, apuntó Teresita Ramírez, sargento que de ternura sólo tiene el nombre, pues es reconocido su tesón y dureza en la capacitación de mujeres bomberas.
La estación de Tultitlán se convirtió en el centro de homenaje a una de sus cuatro mujeres tragafuegos, quien murió “antes de tiempo; aún tenía pendientes, entre ellos sacar adelante a su hijo”, pues era madre soltera y dedicada a su profesión. Con jornadas de 24 horas de trabajo por 24 de descanso, Ángela tenía grado de sargento y un salario de 4 mil 500 pesos al mes, por desempeñar un trabajo en que ponía en riesgo su vida sin contar siquiera con un seguro que la protegiera contra accidentes o a su hijo en caso de muerte. “Así trabajamos: sin seguro de vida, sin equipo, con la totalidad de las motobombas descompuestas y con cinco ambulancias paradas, de seis que tenemos por falta de mantenimiento”, dijo el oficial Ulises Rojas. Al sepelio no llegó la presidenta municipal, Elena García Martínez, pese a que la alcaldía está a tres cuadras de la estación de bomberos; tampoco llegó la respuesta a por qué los bomberos de Tultitlán trabajan sin equipo y sin un seguro de vida.