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“Somos como las geishas, de lujo”

Transexuales apostados sobre calzada de Tlalpan aseguran que la violencia de los operativos policiacos en su contra han disminuido
Sábado 14 de febrero de 2009 Iván Cadín ivan.cadin@eluniversal.com.mx | El Universal
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Recargada en un auto, Leticia y sus amigas son iluminadas intermitentemente por los faros de los vehículos que se acercan al grupo. Destaca su presencia de entre todas por su breve y transparente vestimenta y por las dimensiones de su cuerpo. “Me veo al espejo y soy toda una mujer”, se regocija. Pero su nombre en la credencial del IFE no es femenino. Lo bautizaron como Jorge. “Nací hombre, no puedo negarlo”.

Leticia vende sexo en la vía pública y desde temprana edad comenzó a usar esteroides sexuales femeninos para inducir en su cuerpo las características que siempre había soñado tener. Las hojas de afeitar, la ropa de hombre y las maneras masculinas fueron cesando para dar paso a la nueva chica. “Invertimos mucho en nuestro cuerpo, en nosotras, en bisturí y hormonas. Invertimos hasta en las zapatillas”, dice por su lado Ivonne, transexual de casi dos metros de altura que se pasea contoneándose de un lado a otro durante la entrevista sobre calzada de Tlalpan.

Se perciben “sensuales y más féminas que las mujeres biológicas”. Montserrath, antes Jonathan, a unas cuadras del monumento a la Revolución, dice respetar a la mujer, pero admite que las trans poseen un plus: “Somos como una geisha, sólo enseñamos la mitad de la mano, la mitad de la pierna”.

Bien podríamos ser un lujo, afirma con cierto orgullo.

Violencia

Un auto transita a baja velocidad por la lateral de Tlalpan. Desde el interior, varios ojos acechan. Se detienen en una esquina y conversan brevemente con una de las chicas. De la ventana trasera surge una mano que se extiende y ofrece un cigarro. Ella se acerca para tomarlo, pero es prendida de la muñeca. El auto da un rechinido y avanza unos metros, arrastrando por el suelo a la víctima, estropeándole las rodillas, arruinándole el vestido.

“No hice nada más que levantarme y al otro día seguir”, rememora Ivonne.

No todos los autos que se acercan van por ellas. O quizá sí, pero para ser blanco de huevos o de bolsas con orines. O para subirlas al vehículo y llevárselas a un destino insospechado, como ya sucedió con Leticia, quien en una ocasión llegó a una cita de trabajo y se encontró con cinco hombres que la golpearon.

Gloria Hazel Davenporth sabe muy bien de los peligros de la calle. Transexual presidenta de la organización Humana, Nación Trans, también asesora independiente de Censida, reconoce: “Hay una transfobia, que es la mezcla de homofobia y misoginia. Es que los transexuales que ejercen el oficio más longevo del mundo tienen contra sí tres sambenitos: ser maricones, vender sexo y ser mujeres”.

Pero sobre ese odio planea la frustración y la doble moral. Leticia, por ejemplo, reta: “Los que nos insultan cuando van con sus esposas e hijos, de noche piden mi servicios”.

Derechos humanos

La noche del sábado 17 de noviembre de 1901 la policía irrumpió en una fiesta privada en el Centro Histórico. Aprehendió, “por faltas a la moral”, a los 42 asistentes, hombres homosexuales y bisexuales, algunos de ellos vestidos de mujer. El hecho pasó a la historia como “la redada de los 41”, un número que finalmente no concordó con la cifra real pues uno de los detenidos fue Ignacio de la Torre, yerno del entonces presidente Porfirio Díaz, quien anticipadamente fue liberado.

Más de 100 años después las cosas han cambiado de forma sútil, dice Gloria Hazel. Ubica como parangón más cercano la cacería de brujas que se desató cuando bullía el caso de la Mataviejitas, pues transexuales fueron subidas a julias a la menor provocación para “después salir con el “usted disculpe”.

Eso sí, acepta que las razzias violentas de hace años han cesado. “En el DF los policías se han tenido que contener un poco porque hay un artículo en el Código Penal que señala que una persona que cometa discriminación puede ser demandada penalmente, y más si es autoridad. Por lo tanto, un policía puede ser demandado por discriminación. Sería interesante que las trans lo sepan”.

Montserrath mira la vida a través de sus pupilentes color verde. Y bajo esa óptica asume sus derechos. “(Las razzias) eran cuando no tenía demasiada fuerza derechos humanos (…) En esta época derechos humanos ya ve por nosotros porque aunque seamos trabajadoras sexuales somos ciu-da-da-nos”.

Sus sílabas, sonantes, hacen que los peatones giren la mirada hacia ella, bañada por la luz roja que se desprende de la fachada del hotel en el que labora.

Sida

¿Cómo dejó las calles Gloria Hazel y llegó a Censida? Podríamos decir que la misma calle la obligó a ello. Su conocimiento de la realidad que vivía todos los días la llevó de manera un tanto azarosa a dictar una conferencia sobre transgénero y VIH-sida en un salón en el que también estaba Jorge Saavedra, entonces director general del organismo. Y su visión lo convenció y la invitó a trabajar en la prevención de la infección.

Señala varios puntos para abordar la prevención y el tratamiento desde ese grupo específico y cómo el uso de hormonas o de aceites pueden afectar procesos antirretrovirales. En su paso por Censida se capacitó “para saber cómo tratar a una persona trans, cómo darle confianza para que llegue, se acerque y diga ¿sabes qué?, creo que tengo el virus, estoy en riesgo”.

Identidad

Pero las cosas parece que avanzan para esa comunidad y para un pleno reconocimiento de sus derechos.

Las nuevas modificaciones al Código Civil, en lo que respecta a los documentos de identidad, así lo dejan ver.

Las chicas entrevistadas comentaron que, a falta de una apertura en otros frentes laborales, la sociedad las ha estereotipado en tres cajones: estilistas, imitadoras de artistas (Laura León, Lorena Herrera, Mónica Naranjo) y el trabajo sexual.

Al parecer ya otro mundo se les abre. Así, Ivonne podrá hacer realidad su sueño: “Yo tengo una meta, quiero llegar a los treinta, sana y saludable como estoy ahorita y poner una tlapalería …Me encantan las cosas que tienen que ver con tlapalería”.

 



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