df@eluniversal.com.mxAvanzan, sortean los obstáculos a su paso, ríen bajo un sol que hiere y enciende las mejillas de niños. Son familias chilangas, que a falta de dinero para irse de vacaciones, decidieron pasear en el Centro Histórico o “histérico”, como algunos le llaman.
Poco a poco, una marea de rostros invade todos los rincones del Zócalo, ombligo de la ciudad. En Correo Mayor, las tiendas de ropa y zapatos están vacías. La calle es un griterío de ofertas. “Pásele gente, aproveche. Nada es robado”, asegura un hombre, que desde una escalera lanza su mensaje.
Del otro lado, largas filas de personas aguardan entrar al Museo del Templo Mayor. “Hoy por ser domingo es gratis”, dice doña Luz, y toma a sus nietos de la mano para iniciar la travesía hacia el pasado. Mientras esperan, los novios aprovechan para decirse secretos al oído.
En el Museo Archivo de la Fotografía, la historia es distinta. Apenas unos visitantes llegan. “Este es nuevo, no lo había visto”, dice una joven a su madre.
Afuera, los turistas extranjeros no sueltan sus cámaras de video y fotografía. Con ayuda de mapas se orientan, aunque el ir y venir de transeúntes los aturde.
Frente a los grandes edificios de otros tiempos, las enormes filas ceden al cansancio y buscan dónde descansar. Comen helados, papas fritas o tortas preparadas en casa.
“Pensamos en dar la vuelta por ser domingo y ver qué hay de bueno”, dice doña Beatriz Romero, que viene desde Toluca. En compañía de su nieto y su esposo trata de avanzar entre el gentío sobre Madero.
“No hay lugar para estacionarse”, es la principal queja de Carlos Hurtado, quien pese a ello, espera pasar un rato agradable con sus hijos en algún museo del centro.
Algunas familias discuten el camino a seguir. “El Zócalo está imposible, ya no quiero ir”, dice una jovencita a su padre, quien recuerda a Rigo Tovar, por el cabello y sus lentes negros.
Entre la vorágine de cuerpos, una productora filma una película atrás de Catedral. Eso dificulta más el avance para quien quiere salir de la zona.
Por si fuera poco, unos jóvenes han montado un espectáculo callejero de baile que reúne a varios curiosos. El trajín no se detiene en el corazón de una ciudad imparable.