claudia.bolanos@eluniversal.com.mxEn lujosos o sencillos automóviles, tanto hombres y mujeres, 29 mil 600 personas en total, han sido objeto de una prueba de alcoholemia en la última semana.
De ellos, 671 habían dado positivo hasta ayer.
Vestidos de etiqueta o de mezclilla, con cara de desvelados, ojos rojos o en aparente buen estado, los conductores son detenidos, en absoluta democracia, en alguno de los 15 puntos de revisión del Programa Conduce sin Alcohol.
Todo aquel conductor que responda que sí ha ingerido bebidas alcohólicas antes de subir a su vehículo, debe mostrar que está en condiciones para manejar a través de una prueba.
La madrugada del domingo, en el punto de Revolución y Altavista, fue detenida la camioneta gris de Nora N.
Ella iba en el asiento del copiloto, y su hermano manejaba.
Él había tomado más que ella, pero no acordaron quién se haría cargo de conducir y quién podía tomar.
Se encontraron con una gigantesca lámpara que alumbraba una serie de “trafitambos”, y a varios policías que les hacían señas con banderillas luminosas, para que se detuvieran.
“Buenos días. Estamos realizando el operativo Conduce sin Alcohol; dígame, ¿Consumió usted alguna bebida alcohólica?”, preguntó una doctora al hermano de Nora, el cual respondió con preocupación: “Sí”.
El aliento lo corroboraba. La médico le entregó una bolsa en cuyo interior había un alcoholímetro, y le pidió que revisara que estuviera bien sellada.
Al soplar en el aparato, éste marcó que ese conductor tenía más de 0.40 mililitros de alcohol en la sangre y fue llevado al Centro de Sanciones Administrativas, El Torito.
Nora pensó que al tomar dos copas podría llevarse ella su camioneta, pero no se lo permitieron pues decían que también estaba tomada.
“Hágame la prueba”, pidió, y no se la hicieron y tampoco dejaron que alguien más se llevara su vehículo, porque dijeron que el conductor era el responsable de la unidad —aunque la dueña era ella—, y que no había firmado ninguna responsiva.
Llegaron sus familiares pero la camioneta fue llevada al corralón, al mismo tiempo que su hermano compraba, por mil 500 pesos, una suspensión provisional para no ir al Torito.