df@eluniversal.com.mxVacacionistas capitalinos prefirieron olvidar la palabra crisis, para disfrutar de algunos días de descanso, ya sea en una playa o en algún pueblo cercano, aunque el próximo año desconozcan el destino de sus finanzas.
En la caseta México-Cuernavaca, los vehículos avanzan sin contratiempos y están repletos de familias que buscan distraerse y relajarse lejos de la capital.
Mientras los automovilistas aguardan su turno para pagar el peaje, policías federales reparten una gorra de cartón y colores para entretener a los niños, que tienen sus oídos ocupados con la música del reproductor de canciones.
Entre los destinos más comunes para los capitalinos destacan el puerto de Acapulco, Taxco y Oaxaca.
“Debemos tener unos días de relajación, y digo, si nuestros diputados se van a pasear, pues nosotros por qué no”, dice María Acuña, quien pasará unos días en Acapulco.
Sin embargo, acepta que la crisis “sí nos está afectando, pero hay que aprovechar antes de que en verdad nos afecte más”.
Como ella, Dora García y su esposo Luis Felipe Luévano visitarán este popular destino turístico. Calculan que gastarán en promedio 7 mil pesos diarios, entre los cinco integrantes de la familia, durante 15 días. Este gasto podrán realizarlo gracias al ahorro constante de la familia, durante varios años.
Al cuestionarlo sobre sus finanzas en 2009, Luis Felipe comenta que el primer trimestre del año será muy difícil, por lo que disfrutarán al máximo estas vacaciones.
La familia Vázquez también se dirige a Acapulco. Viajan contentos, aunque algo apretados. “Durante todo el año nos estuvimos preparando. Viene toda la familia en caravana”, explica Sergio Vázquez con una sonrisa.
A pesar de los tiempos difíciles, prefiere ser optimista. “Sí se puede echándole ganas”. Esta familia gastará alrededor de 50 mil pesos durante una semana.
Juan Sánchez no ha sentido aún el rigor de la crisis. No sabe cuánto gastará en sus vacaciones, ni qué hará en enero en caso de que falte el dinero.
“Eso ya lo veríamos después, ahora el chiste es divertirse, aprovechar lo que podamos, como el clásico mexicano: a ver qué pasa después”, sentencia antes de cruzar la caseta y decirle adiós al DF por una semana o más, según le alcance el dinero.
Otra es la historia de Serafín Gallardo, quien pasará sus vacaciones en el estado de Guerrero con algunas limitaciones. “No es como hace algunos años”, dice. A pesar de ello, se siente afortunado al contar con un trabajo estable y espera que la crisis no le pegue tanto.