Después de la tragedia que vivió el 20 de junio en la discoteca New’s Divine, Wendy Viridiana López Ham se ha incorporado al Instituto de la Juventud del Distrito Federal y desde hace algunos días se convirtió en “serpentín” de la pista de hielo del Zócalo.
Esta joven de 17 años ha sido constante en sus sicoterapias de la asociación civil Tech Palewi, a través de las cuales ha podido mejorar su sueño y enfrentar la realidad, pero ahora su carácter es más agresivo.
Por el desánimo, la frustración y el enojo, pero también porque debía acudir al Ministerio Público a declarar, dejó de ir a clases al Colegio de Bachilleres (Cobach) número 11, donde se dio de baja de forma temporal, pero planea regresar en el próximo ciclo escolar.
“Faltaba mucho por ir a la Procu y no me justificaban las faltas y ya me dio flojera, dormía de más, todo el día y a veces me da por comer mucho o no comer nada”.
Wendy dice que aún no puede superar estar en un lugar con mucha gente porque siente que se le baja la presión, pero ha decidido trabajar en el acceso a la pista de hielo para distraerse y ganar algo de dinero.
Su madre, Ángela Ham, acepta que su hija ha cambiado desde la tragedia, en la que no sólo vivió el encierro sino los malos tratos de los policías y la toma de fotografías de frente y perfil, como si fuera a ser procesada por un delito.
“Como que nada más estoy a la expectativa de ver quién me agrede y contestarle”, dice la joven para reforzar lo que dice su madre.
Aunque fue de las primeras en salir de la discoteca, recordar las agresiones verbales de los policías, el traslado en camiones de la Red de Transportes de Pasajeros a la quinta, octava y 50 agencias del Ministerio Público, las escenas de embarazadas golpeadas y la negativa de la autoridad para dejarla comunicarse con su familia, aún la pone tensa.
“Fui a Tech Palewi a la reunión, a ocho sesiones; y a Adevi, tres veces con el sicólogo”.
Aunque en esta etapa estuvo acompañada de sus amigas Karla Edith Moreno y Gabriela Elizalde, Wendy se asume como la de mayor carácter, la que aventó y peleó hasta conseguir que las tres salieran de la discoteca.
Pero de todo lo que más le pesa es la culpa por haberse ido a la tardeada sin tener el permiso de sus padres.
Por eso prefiere rechazar las invitaciones que le hacen amigos para ir a bailar, “ya no me siento con confianza de pedirles permiso a mis papás porque siento que les fallé”.