Aquella botella de plástico que pudo ser una obra de arte, se revolvió con otros residuos y fue a parar a un relleno sanitario donde contaminará por los próximos 100 años.
En el Distrito Federal sólo se recicla 2.5% de las 12 mil 500 toneladas de basura que se generan cada día, y sólo uno de cada 10 capitalinos separa la basura en casa porque el resto le deja esa responsabilidad al personal de los camiones recolectores.
En Magdalena Contreras, Emilio Gudiño, su hijo El Güero y El May recorren las calles para recoger los residuos. La jornada empieza en la madrugada y termina después de las tres de la tarde.
Emilio primero tañe la campaña para avisar de su llegada, después la gente sale con sus botes y tira la basura al camión donde él, El Güero y El May la separan.
En un costal van las latas, en otro el papel, en uno más el vidrio y en el último la ropa vieja, juguetes y partes de la computadora y al toldo avientan el cartón. A veces hallan fetos, animales muertos y hasta partes humanas, dinero o electrodomésticos que funcionan.
Unos minutos después del tintineo los botes se forman en la calle mientras Emilio, a bordo del camión, maniobra de reversa para acercar el contenedor a la gente.
“Ahorita entro hasta el fondo, recogemos la basura y así me voy callejoneando”.
Cuando el camión está al tope, con nueve a 10 toneladas, van al centro de transferencia en San Antonio.
La ciudad tiene 13 estaciones de transferencia a donde llega 94% de la basura y el resto se tira en barrancas o calles.
Ahí, se vuelven a revisar los desechos, lo irrescatable se lleva en tráiler al Bordo Poniente que cerrará en unos meses de manera definitiva.