maria.montano@eluniversal.com.mxTOLUCA, Méx.— Su cuerpo fue encontrado boca abajo cerca de un canal en Valle de Chalco. Sus brazos estaban atados a la espalda, semidesnuda y amordazada con cinta canela; al parecer fue arrastrada hasta unos arbustos, donde fue violada y asfixiada, y luego abandonada en una zona despoblada pero muy cercana a su humilde vivienda.
Sólo tenía ocho años. Salió a comprar limones para su abuelita a las cuatro de la tarde. A pesar de ello, nadie se percató de su ausencia sino hasta las 10 y media de la noche. Era una niña marginada, de lento aprendizaje y solitaria.
El caso de Luz es parte de las 774 mujeres asesinadas desde el año 2000 a la fecha en el estado de México, de acuerdo con cifras de la Comisión de Equidad y Género del Congreso de la Unión. Más de 70% de los casos no ha sido resuelto.
En ese lapso los feminicidios aumentaron 465%. En 2000 hubo 32 casos, y en 2008 han ocurrido 149. La Procuraduría General de Justicia de la entidad sólo reconoce como “oficiales” los ocurridos desde septiembre de 2005 a la fecha —463—, ajustándose a esta administración.
La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Dolosos contra Mujeres —con tres titulares en menos de dos años— hizo otro “ajuste” y así “retiró” de la lista los 80 asesinatos ocurridos entre enero y agosto de 2005 para bajar la cifra de los 105 casos que todavía reportaba en marzo la anterior fiscal, Myrna Araceli García, a sólo 25 para ese año.
Caso excepcional
Eloísa agonizó sintiendo altos niveles de dolor, coincidieron los peritos. De su cuerpo desnudo y amoratado, no se distinguía la cabeza, que quedó aplastada bajo una enorme roca, mientras que de entre sus piernas sobresalía una manguera, todavía ensangrentada, con la que fue violada todavía inconsciente.
El mercado de San Lorenzo, en Chimalhuacán, donde fue encontrada, cerró ese día, 13 de febrero pasado, ante lo cruento de la escena. De sólo 41 años de edad, dejó dos hijas en la orfandad, pues era madre soltera.
Su caso es de los pocos que han sido resueltos en cuestión de horas. Su amante, de 29 años, fingió descubrir el asesinato. Llevó a la policía, proporcionó datos de la víctima, pero al final incurrió en contradicciones y confesó ser el autor del crimen. El motivo fueron los celos.
Fue algo excepcional, pues la generalidad son expedientes que se abren indefinidamente.
Patricia Olamendi, colaboradora del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas Para la Mujer (Unifem), lo anticipó: “Las opiniones en el estado de México están creciendo a favor de que no haya una respuesta favorable a la investigación de esos homicidios”, dijo en entrevista con EL UNIVERSAL hace dos semanas.