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En la colonia La Moderna, delegación Benito Juárez, vecinos y comerciantes ya no saben qué es peor: las eternas discusiones con los microbuseros para que no invadan las entradas de sus casas y negocios; el combate a las ratas y cucarachas que causan los puestos ambulantes de comida, o la dificultad de caminar en banquetas invadidas de automóviles.
A la vuelta de la estación del metro Xola, de la línea 2, en sólo dos cuadras de la calle Juana de Arco operan cuatro bases de microbuses que desde las cinco de la mañana y hasta pasada la medianoche dan servicio a los usuarios, y de paso trastornan la vida de los habitantes.
Martha Cázares, vecina, ha sido insultada por los choferes de la ruta 10 que tiene su base afuera de su casa, porque obstaculizan su entrada con los microbuses. Varios roces se han presentado con su familia cuando quiere entrar con su auto, y acusó que hasta se los han rayado y las han amenazado. “La última vez que salí les dije que no quiero problemas con ellos, que sólo me interesa que no obstaculicen la entrada. Hay unos que sí respetan, pero otros no”, contó.
Desesperada, pidió ayuda a la delegación, donde le recomendaron pintar ella misma el área de “no estacionarse”, y que llamara a una patrulla cuando un micro estorbe su entrada. Pero ni eso ha funcionado.
Esta situación la altera de los nervios. “Me siento mal porque nos afecta a todos. Me dan nervios y estrés al ver tanta cosa. En lugar de que esté uno tranquilo, sí se siente presionado”.
Azucena Carmona, despachadora por la mañana de la ruta 10, se defiende: “Muchos choferes ya han sido sancionados por no obedecer. Tratamos de corregirlos. Para eso estoy, para reportar las anomalías”.
Al cruzar la calle está la base de la ruta 53, que también causa problemas a los comerciantes. “Los microbuseros sacan las botellas de orines por la ventana, tiran la basura. Aquí hay una bola de ratas y cucarachas tremenda. Mi negocio no tiene que ver con alimentos y estoy invadido de fauna y de suciedad”, denunció Jacobo Flores.
Dijo que la colonia tiene cierto nivel económico, pero que por estos problemas la gente ha empezado a emigrar. “Ya no pueden caminar por las banquetas. Debería oír a los conductores cómo se comunican a base de puras leperadas y no respetan nada. Ponen botes y cubetas para apartar cuando eso está prohibido”, aseguró.
Cansado de denunciar a las autoridades estas irregularidades, lamentó: “Aquí tiene uno que apechugar y procurar no tener roces con ellos porque si empieza a discutir con alguno, llegan tres o cuatro a tratar de agredirlo, así operan”.
En contraesquina está la base de la ruta 49 y a una cuadra la 31, que dan servicio al estado de México. En esas dos cuadras abundan los puestos de comercio ambulante, sobre todo de comida.
El movimiento vehicular por estas bases coincide en la esquina de Antonio Maura, donde hay riesgo constante para los peatones de ser atropellados pues no hay semáforos y el tope no sirve de mucho, pues ya han ocurrido choques.
Banquetas para los autos
Otra irregularidad en la colonia La Moderna es que los microbuses y autobuses hacen parada en doble y hasta triple fila para subir y bajar pasajeros y éstos cruzan por cualquier parte. Podrían hacerlo por las banquetas, pero están ocupadas por autos en espera de pasar al verificentro.
El personal de este local forma a los autos en doble fila y en sentido contrario, tapando las entradas de las casas. “Así funciona esto, reclámenle al encargado del verificentro, ¡a mí qué!”, dijo un automovilista cuando se le preguntó si sabía la infracción que cometía.
EL UNIVERSAL esperó más de 30 minutos la presencia de una patrulla para preguntar por esta irregularidad, pero ninguna pasó. Según Jacobo Flores, en esa colonia la vigilancia es inexistente. “Aquí han venido directamente a asaltar gente que siguen de los bancos. Estamos con el Jesús en la boca a ver cuándo nos toca a nosotros. Ya asaltaron a la farmacia y al expendio de pollo. Y las patrullas brillan por su ausencia”.
Incluso, aseguró que no recuerda cuándo fue la última vez que un policía pasó por su negocio, y cuando lo hizo, le pidió el sello de su negocio en cuatro hojas continuas, pero se negó rotundamente.