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Ladrones planearon un atraco ‘barato’

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José Gerardo Mejía
El Universal
Viernes 14 de noviembre de 2008
jose.mejia@eluniversal.com.mx

Primera parte

Con tres pistolas de juguete, cuatro pasamontañas y un esmeril, Enrique Mejía Bello intento robar, sin éxito, la tómbola que guarda el dinero de las ventas del Sanborns en el que trabajó hasta que lo echaron por un supuesto robo.

“Estaría bien robarlos, para que hablen con provecho”, comentó a Emmanuel Pérez Sánchez, su cómplice, una semana antes de llevarlo a cabo.

Enrique conoció a Emmanuel cuando era niño. Estuvo a su cuidado a petición de sus padres, por lo que fue su empleado en un pequeño negocio que ahora está cerrado.

Decidieron comprar pistolas de juguete porque les pareció más fácil conseguirlas, más baratas y, principalmente, porque en el restaurante se encontraban sus ex compañeros, a quienes podría herir.

Tras comprometerse a participar, el sábado 25 de octubre Emmanuel fue a Tepito a comprar un esmeril para abrir la tómbola. Dijo que conseguiría un vehículo y más personas.

Tres días después, Enrique se comunicó con Emmanuel por celular para preguntarle si ya tenía todas las cosas. Ante la respuesta afirmativa, se citaron para el miércoles 29 de octubre afuera del metro Revolución a las nueve de la noche.

Cuando llegó Enrique ya lo esperaba Emmanuel con Óscar Reyes, a quien conocía desde hacía un año, además de Enrique Enríquez y Juan Huerta Rojas, a quienes nunca había visto.

Tras las presentaciones, caminaron hacia el Museo del Chopo; ahí estaba estacionada la camioneta Ford Econoline placas XEB-5459. La abordaron para ir al parque de Santa María la Ribera y hacer tiempo.

Aprovecharon para ponerse de acuerdo: a las 0:00 horas, Óscar, Juan y Enrique iban a entrar al restaurante para pedir algo de comer; media hora después Óscar se metería a la cocina, al área de monitores para tocar a la puerta y cuando le abrieran, amagar al responsable.

En ese momento, Óscar llamaría para que Emmanuel y Enrique entraran con los pasamontañas puestos y las pistolas para amagar a Ángel Dorantes, guardia de 55 años encargado de la pluma del estacionamiento, y a las personas dispersas en la tienda.

Como un guión, todo se llevó según lo planeado. Cuando se plantaron frente al uniformado, Enrique le aplicó la “llave china”, pero el policía forcejeó hasta zafarse. Desesperado, Enrique sacó una de las armas para ponerla en el costado del guardia, y le grita: “¡Ya cálmate ca...! No venimos por ti... ya perdiste”. “Sí, ya me chin...”, respondió Ángel; aun así, recibe un golpe en el rostro con el arma. Comienzan 70 largos minutos de un robo que se convirtió en secuestro.

 

 
 

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