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Símbolo del bicentenario
La calma y el olvido en que ha vivido durante décadas serán interrumpidos por la maquinaria pesada y después, por visitantes del “sitio enigmático de la ciudad”

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EDITH MARTÍNEZ
El Universal
Sábado 08 de noviembre de 2008

edith.martinez@eluniversal.com.mx

Si las paredes hablaran, las de la iglesia de la Plaza Tlaxcoaque contarían al menos 400 años de historia de la ciudad. En este tiempo ha sobrevivido a la “modernización” que la aisló para convertirla en un testigo de las memorias de la metrópoli.

Su misión era marcar el límite sur de la capital de la Nueva España, pero la vorágine de la gran ciudad se lo impidió y poco a poco se la fue tragando. Con el pasar de los años dejó de ser la frontera con el campo y quedó cada vez más cerca del centro.

Ahora se convertirá en lo que el gobierno capitalino ha llamado, “símbolo de la ciudad de México”: la plaza Bicentenario.

El destino de la Plaza Tlaxcoaque siempre fue incierto: estuvo olvidada, corrió el peligro de convertirse en escombros, la salvaron y la abandonaron de nuevo. Actualmente permanece tranquila en medio de edificios viejos y avenidas transitadas.

La ampliación de las calles 20 de Noviembre y Fray Servando Teresa de Mier en los años 50 amenazó a esta iglesia que por las obras estuvo a punto de ser derrumbada como pasó con las casas aledañas.

Su salvación se debió tal vez a la intervención divina o a la de una esposa con poder sobre su marido. La historia cuenta que fue Beatriz Velasco, mujer del ex presidente Miguel Alemán quien logró detener la demolición.

Ella era una primera dama muy católica y fue el medio para llegar al mandatario y apelar “a su corazón” para evitar que se tocara a la capilla durante las obras de remodelación, comentan algunos de los fieles que todavía la visitan o acuden a misa los domingos.

Un cuarto de siglo después un diario narra que durante el último año del gobierno del “Cachorro de la Revolución” (1952) la iglesia de la Inmaculada Concepción reabrió sus puertas luego de permanecer cerrada por casi 26 años.

Sin embargo, la gente dejó de visitarla por lo difícil del acceso.

Quedó encerrada en una glorieta formada por dos grandes avenidas y rodeada de edificios de instituciones públicas como el de la Secretaría de Seguridad Pública local (SSPDF) que ahí se encuentra.

Hasta hoy son contadas las personas que acuden a ella, incluso a la misa de los domingos. Esa soledad la convierte en “un buen espacio para la reflexión”, consideró Rafael Juárez, sacristán de la iglesia.

Con la construcción de la obra conmemorativa de los 200 años de Independencia y los 100 de la Revolución, la calma será interrumpida primero por la maquinaria y después por los visitantes al nuevo “sitio enigmático de la ciudad de México”.

La obra será “una recuperación del pasado y una proyección al futuro que se quisiera tener en la ciudad de México” según lo dijo, Antonio Espósito, titular del equipo que ganó el concurso internacional para la construcción de la Plaza.

Con en ella, la iglesia de la Concepción estará rodeada de un muro verde con flores de temporada que formarán figuras abstractas y dos espejos de agua a sus costados.

Mientras tanto, el atrio de la capilla es usado como estacionamiento para camiones de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal y uno que otro vehículo particular. La amplitud del lugar permite que las patrullas se den la vuelta ahí para volver a salir a las calles. Esta práctica también tendrá que terminar con la edificación del proyecto Bicentenario.

La Plaza Tlaxcoaque fue escenario de la Guerra Sucia que se vivió en la década de los setenta. Según cuentan algunos cronistas y testigos de esa época que la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) tenía celdas ahí para los “rebeldes”.

En una entrevista para EL UNIVERSAL en noviembre del 2001, Ramón Sosamontes, ex subsecretario de Seguridad Pública de la ciudad, señalaba que durante tres años estuvo prisionero en Tlaxcoaque por participar en la juventud comunista junto con otros compañeros: “Todos los días en la mañana nos sacaban a un cuarto donde éramos torturados”.

Para 2010 el olvido no volverá a ser sinónimo del lugar y entonces sí los ojos de todo el mundo estarán sobre Tlaxcoaque y sus 400 años de historia.

 

 
 

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