df@eluniversal.com.mxVagabundos, piratas, doctores, músicos y hasta pachucos se reunieron ayer para compartir una misma pasión: hacer reír al público. Tan sólo con algunos trucos y chistes, ellos hacen brotar sonrisas. Son payasos.
Ataviados con disfraces multicolores, zapatos gigantes y pelucas, los amos de la diversión festejaron la decimotercera Convención Internacional de Payasos en el teatro Venustiano Carranza.
A las cuatro de la tarde, las carcajadas y el buen humor inundaron las butacas. Los niños observaban con atención los rostros pintados y los vestuarios estrafalarios. Cuando se les acercaban, los pequeños reían ante sus ocurrencias.
“Ser payaso es una satisfacción. Nos gusta divertir a la gente. Esa es la esencia de nuestra personalidad”, refirió Pinpón Pequitas, de Tlaxcala. Junto a sus amigos, disfrutó del espectáculo inaugural de la convención, a la que asistirán alrededor de 500 payasos provenientes de México y otros países de Latinoamérica.
Jesús Ortega lleva 35 años de ser otro, de arrancar aplausos y hacerse adicto al público. Ingeniero de profesión y payaso por convicción, aún recuerda la primera vez que se disfrazó; tenía 15 años, “estaba bien pollito”.
“Desde muy niño, mi papá me decía ‘te doy 20 centavos si te pones a bailar el Jarabe tapatío’, y pues a bailar se ha dicho. Yo veía que me aplaudían y desde ahí me gustó”, expresó con su mirada risueña y su rostro rosado.
Ahora encarna a Chocho Chochito y viste de pirata, con todo y perico al hombro. Su risa es profunda y contagiosa. Bajo el maquillaje ya se adivinan los primeros surcos que deja la edad. Sin embargo, el aire jovial que lo acompaña lo hace seguir adelante bajo la consigna de regalar un instante de diversión a quien lo quiera.
Para él, “un payaso es alegría, felicidad y vida”. Aunque en ocasiones la gente no aprecia su profesión, su arte. “Yo no creo que deban dignificar al payaso. El payaso es digno por sí mismo. Lo que se necesita para ser uno es disposición, preparación, disciplina, constancia y esfuerzo”.