Tocó fondo. La muerte le sonrió un instante. Pero no había llegado su hora todavía. Tuvo una última oportunidad y a ella se está aferrando.Los últimos 15 años de la vida de Javier estuvieron sumergidos en las aguas etílicas que casi lo ahogan. Se hizo adicto también al crack y su cuerpo lo resintió.
Su familia se decepcionó de él. Su esposa lo dejó, pero lo que más le afectó fue el dolor que le causó a sus padres.
Su mujer supo de la existencia del Centro Municipal de Atención contra Adicciones y lo llevó para que encontrara una luz en su oscuro camino. Javier se dio cuenta de que quería recuperar su vida perdida, a sus padres y a su esposa. Se sometió al programa de desintoxicación y rehabilitación y entonces creyó en él otra vez. Apenas dio los primeros pasos para reencontrar el camino perdido pero confía en que lo logrará.
Cumplió cinco meses de no ingerir alcohol y de no fumar crack y se siente mejor que nunca. Vivió un infierno mucho tiempo y ahora sabe que puede salir de él con la ayuda de quienes lo quieren.
Su esposa regresó con él y está decidido a dejar las adicciones. Lo que más le reconforta es que su padre lo recibe con un abrazo y un beso cada vez que llega a casa.