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La mayoría fueron usadas como “burreras”, enganchadas por un adulto para trasladar o vender droga. Son 31, y entre ellas hay una indígena que no habla español.
Como sucede con toda la población delincuencial, la mayoría son habitantes de Iztapalapa y provienen de familias disfuncionales o simplemente no las tienen.
Hasta ayer estuvieron en el Centro de Atención a Mujeres, mejor conocido como tutelar, ubicado en Coyoacán, el cual ya no será más utilizado como reformatorio.
Resalta que entre las mujeres se da una reincidencia de menos de 1%, según datos de la Secretaría de Seguridad Pública federal que le ha entregado al gobierno capitalino.
Dentro de dos días, la autoridad local será la encargada de dar atención a ellas, y a todo menor de edad varón que cometa algún delito en la ciudad de México.
Cuando una adolescente es detenida, es llevada a la agencia 57, especializada en menores, y es ahí donde se dice que son las más tremendas en su comportamiento. “Cuando están en las galeras tienen unas carcajadas entre ellas, peor si hay más de tres”, narra un empleado de la agencia ministerial que hasta mañana estará ubicada en la colonia Doctores; luego será trasladada al centro de internamiento de Obrero Mundial. Eso sí, agrega, cuando llegan los padres a preguntar por ellas, la historia cambia. “Es entonces cuando se ponen a llorar y hacer drama”, dice.
La mayoría están acusadas de robo simple, por lo que quedan en libertad, no así las que cometen delitos graves.