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“Huía incontrolable”

Video: Los últimos reflectores que iluminaron a Hildra
Las ovaciones se terminaron para la elefanta Hildra. Los últimos aplausos que recibió fueron hace dos meses en Tecámac.
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Miguel Ángel Serrano
El Universal
Miércoles 24 de septiembre de 2008
miguel.serrano@eluniversal.com.mx

Con el rostro afligido y lleno de impotencia, Marcelino Delgado Flores cuenta con 22 años de edad y es el principal responsable de los destrozos producidos por Hildra.

“¿Por qué no renuncié esta mañana?, lo pensé, sabía que no podía cuidar animales, sé cómo son”, dijo entre sollozos.

Desde el asiento trasero de una patrulla de la policía municipal de Ecatepec, Marcelino explicó a El UNIVERSAL que los propietarios del Circo Unión lo pusieron al mando de la alimentación de los tres elefantes por no tener personal capacitado. “Llevo un mes laborando con ellos con una paga de 600 pesos semanales, no conozco de animales, no soy ‘elefanto’ profesional, por la mañana pensé en renunciar e irme a Guadalajara en busca de empleo como albañil”, dijo.

Explicó cómo cada mañana los tres elefantes eran sacados de sus corrales en el interior de la bodega para pastar, beber agua y tragar pacas de avena cruda, antes de ser encerrados a las tres de la tarde.

Sin embargo, una simple decisión cotidiana cambió el rumbo de la vida de Hildra, de muchas personas y del propio Marcelino.

“Solté a los tres elefantes con la intención de brindarles agua en los pozos; dos me hicieron caso, pero ésta corrió a prisa, intenté alcanzarla. Resultó imposible”.

Una débil puerta de seguridad metálica no fue obstáculo para las cuatro toneladas de músculo que Hildra poseía. Escapó por los terrenos abiertos de Venta de Carpio, se perdió entre la hierba y la oscuridad.

“Salí a buscarla por la carretera, un conductor me dijo que estaba por un puente peatonal. Quise seguirla, era muy veloz. No podía alcanzarla. Pedí aventón de los automovilistas. Nadie me ayudó”.

Hildra derribó arbustos, atacó a perros y a un puerco a su paso. Nadie pudo detenerla. El pesado cuerpo del noble paquidermo que pasó su vida haciendo acrobacias en un circo, resultó ser un muro fatal.

Despistada por las luces de vehiculos, Hildra se detuvo en carriles centrales de la autopista México-Tulancingo, donde un autobús de pasajeros chocó de manera inevitable contra ella. Por la frecuencia de radio de la policía municipal, así como de la Policía Federal Preventiva, se habló de un “elefante desquiciado” que pasaba por calles y avenidas. Sin embargo, la información cuadró al final, cuando el accidente ocurrió.

En su desesperación por encontrarla, Marcelino detuvo a unos patrulleros, quienes al escuchar por la radio el tamaño del problema, lo llevaron. Decenas de personas heridas y el conductor muerto del autobús, lo paralizaron por segundos y recordó para sí: “¿Por qué no renuncié a tiempo?”.

Luis Arreola Arellano, quien se dijo dueño del circo, señaló como responsable a Marcelino: “Él fue el culpable, a ese deben detenerlo, no a mí”, repetía a los agentes federales minutos después de arribar al lugar del accidente. Hildra era su nombre, su origen es de la India, tenía 45 años de edad, era tierna y muy amable no se qué pasó, repitió.

 

 
 

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