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Acompañante da placer y franqueza

La honestidad y desenfado de los anuncios de ‘La Lupita Hass’ en las páginas de sexoservicio, la han convertido en una leyenda urbana
Lunes 08 de septiembre de 2008 Emilio Fernández Corresponsal | El Universal

emilio.fernandez@eluniversal.com.mx

Noventa, 60 y 90 son las medidas de la mujer perfecta. Ella no lo es. 99-70-110 son sus dimensiones corporales. Un poco más arriba, en medio y en donde casi todos los hombres dirigen su mirada.

Es La Lupita Hass; Hass como el aguacate, Hass por la forma de su cuerpo, voluptuoso. Y Hass porque los dos tienen sus raíces en Michoacán. Es una sexoservidora de 28 años de edad o escort para los gustos más refinados.

Sus anuncios en la sección de clasificados llamaron la atención de más de uno. “Buena pa’l petate y mala pa’l metate”, es uno de sus eslóganes. “Voy de buenas, flojita y cooperando. Todo me huele a jabón”, son otros dos mensajes que ha publicado.

Se ha convertido en una celebridad dentro y fuera del país. De las 200 llamadas que recibe diariamente, en promedio, muchas de ellas son del extranjero.

Se han creado foros en internet donde los anuncios de La Lupita son tema de conversación entre los blogueros.

En Hazme el chingado favor.com, decenas de cibernautas han abordado los mensajes de esta escort.

“Yo trato de manejar un lenguaje pueblerino porque soy de pueblo, de Uruapan, Michoacán, lenguaje que hablan todos y que todos entienden”, explica.

Ha aumentado su fama en los blogs, pero muy pocos la conocen. Es una leyenda urbana, se atreve a comentar uno de los visitantes a esas páginas web.

“Por no estudiar me tengo que anunciar”, dice, aunque sólo aparece el texto de sus mensajes en el periódico. No tiene página personal en internet como muchas de las escorts que se promueven en la red. Sólo los que han contratado su servicio conocen que La Lupita, como se llama ella misma, es una profesional, no sólo en las artes del amor y del placer.

Tiene licenciatura y maestría en Administración de Empresas. Ha estudiado Mercadotecnia y Publicidad; he ahí su secreto para publicar mensajes que envidiaría cualquier mercadólogo.

Por la mañana es una ejecutiva de las empresas más importantes de comunicación del país. Por la tarde, se transforma en una acompañante “complaciente y servicial”, según ella misma.

“Me dedico a esto porque me gusta el sexo y porque puedo conocer a mucha gente interesante”, se justifica.

Hija de un productor de jitomate sinaloense y de una ama de casa michoacana ultraconservadora, La Lupita ha mantenido en silencio una de sus dos personalidades durante dos años.

Sólo algunos de sus familiares más cercanos saben a qué se dedica, los demás ignoran su otra faceta. En su trabajo, cuenta, su jefe también está enterado de su secreta actividad.

“Ni modelo, ni edecán, ni extranjera, para qué prometo algo que no va a llegar, soy humildemente provinciana, de nalgas grandes, duras y paradas (no caderona) o sea nalgas”, presume en otro de sus anuncios.

De su admiración por las teiboleras le nació el gusto por ser acompañante. Trabajó primero en una agencia donde sólo le daban una parte de las ganancias y decidió después ser independiente.

Goza del sexo, pero sabe los riesgos que implica una de sus profesiones.

“Lo malo de esta actividad es que puedo contagiarme en cualquier momento de alguna enfermedad de transmisión sexual, pero todo lo que hago es con protección para garantizar la seguridad de los clientes y la mía”, asegura La Lupita.

En hora y media, desnuda el cuerpo y el alma. “Lo más importante de esto es la honestidad. Si eres bajita, gordita y morenita, no hay problema, para todo hay gente. Lo más malo es engañar a los que te llaman diciendo que eres una persona, y cuando abren la puerta se decepcionan de ti”.

Es La Lupita Hass, Hass como el aguacate, la de las medidas imperfectas.

 



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