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A sus 39 años de vida, el Metro adolece múltiples problemas, pues casi la mitad de sus trenes ya cumplió su vida útil y sus instalaciones fijas requieren una cirugía mayor.
Francisco Bojórquez, director de la dependencia, reconoció que de los 355 trenes que recorren a diario sus vías, al menos 150 llevan más de 30 años en servicio, aún cuando en países de Europa son retirados al cumplir cinco lustros.
Otro de los dolores de cabeza del “gusano naranja”, dijo el funcionario en conferencia, es que sus pistas de rodamiento, barras guía, durmientes, rieles y juntas aislantes —es decir, todo aquello que los usuarios no ven— necesitan rehabilitación.
De hecho, reconoció que los dispositivos electromecánicos ya son “obsoletos”, y que los trabajadores del Metro hacen casi lo imposible por mantenerlos en movimiento con herramientas técnicas.
Esas debilidades de la “columna vertebral” del transporte masivo en el DF las padecen a diario los poco más de 5 millones de usuarios. Es común escuchar de desalojos de trenes, sentir frenados intempestivos, tener dificultades para respirar por la falta de ventilación o ver humo blanco que sale de las llantas sin motivo aparente.
Pese a ese diagnóstico, el funcionario dijo que sólo ocurre una falla al día en todo el sistema. Incluso, dijo que el personal del Metro lo resuelve en 20 minutos en promedio, lapso en el que disminuye la velocidad y el paso de los trenes.