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D esenfadados, irreverentes, juguetones, amantes de la “chacota” cuando se puede y cuando se organiza, finalmente jóvenes.
Ayer tomaron por miles el Zócalo capitalino convocados por autoridades del gobierno de la ciudad y una marca de chocolates, para expresarse, para ser ellos, para lucirse con piruetas en sus patinetas, practicando el skateboard, o en sus bicicletas rodada 20, en los concursos de BMX.
Por supuesto llegaron aquí para bailar y disfrutar de un concierto de los roqueros de la Maldita Vecindad.
Música hubo y desde temprano; fue la adecuada para multiplicar ánimos, para empujarse y organizar el slam, para aventarse botellas de plástico y burlarse de aquellos que, en medio de un mar de almas, involuntariamente eran víctimas de esos proyectiles.
Aquí no podía faltar el grafitti, porque es su forma de expresión; es casi un binomio juventud-spray.
Por eso, para ellos es que el Instituto de la Juventud del DF organizó un concurso llamado “tambo parade”. Sí, porque en tambos de basura reciclados y otros tantos donados por una compañía de pinturas los chavos se pusieron a plasmar ideas y protestas.
“Yo plasmo muñequitas; el significado es que como jóvenes tenemos la ideología de cambiar al mundo, de renovarlo, entonces nos llegamos a sentir algunas veces como muñecos, del gobierno, de tus padres, de las leyes”, explicaba Paola, de 20 años, sin dejar de sujetar una lata de spray azul.
¿Qué significan los policías para estos jóvenes? Son el problema y no solución.
Aquí, en el Zócalo, la chaviza llamaba “puercos” a los policías que, nerviosos organizaban retenes para controlar a la multitud que llegaba al Zócalo. Mala combinación la de policías-jóvenes, pensando en el New´s Divine.
“Mientras existan los cuerpos policiacos siempre va a haber inseguridad, secuestros, robos, narcotráfico; no podemos pedirles que nos vigilen pues nuestros protectores no pueden ser las mismas personas que están secuestrando y que están robando”, decía Orlando Delgado, otro grafitero que también se esmeraba en plasmar, sobre su respectivo tambo, a un joven en patineta con el rostro de calavera.
Este concurso de “tambo parade” tuvo sus jueces y sus premios, como cámaras digitales y reproductores de música. Uno de esos jueces era otro joven grafitero, Hiram Zárate. “Llámame Reak” decía este muchacho que de lunes a viernes es maestro de artes plásticas en una escuela secundaria.
“Pienso que cosas como la inseguridad los pone a la defensiva. A lo mejor no saben exactamente que está pasando pero si lo perciben; los pone en una situación de duda y los lleva a hacer cosas erróneas.”