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“¿Cuándo ha triunfado el sistema penitenciario?”, preguntó el subsecretario del Sistema Penitenciario del Distrito Federal, Hazael Ruiz Ortega, a diputados locales que le recriminaron el fracaso de los reclusorios para readaptar a delincuentes.
Las cárceles no han servido con su cometido, añadió el encargado de ellas. Enumeró los porqués. En principio, les dijo durante una reunión de trabajo, la sobrepoblación es de 61%, con 36 mil 969 internos en total.
Esa situación ha permeado a todo el sistema que no se da abasto para atenderlos.
Los reclusorios Norte, Oriente y Sur, datan de los años 70, y fueron construidos para albergar a mil 500 personas cada uno. Sin embargo, ahora los dos primeros tienen casi 11 mil internos. Talleres, áreas deportivas, énfermerías, comedores y las zonas de visita y de visita íntima, fueron pensadas para esas mil 500. “Sí hemos acondicionado más camarotes, pero sólo para que puedan pernoctar, no convivir”, les indicó el subsecretario a los integrantes de la Comisión de Administración y Procuración de Justicia de la Asamblea legislativa.
Otro punto que les resaltó fue la falta de recursos. Del los mil 457 millones de pesos que se les asignó este año, el mayor en la historia, “pero con el más alto número de internos”, se destina al pago de nómina, alimentación de la población penitenciaria y compra de combustibles. Esos tres gastos significan casi mil millones.
Así, no queda dinero para capacitación y atención especializada para los internos.
Pidió a los asambleístas, la preparación de un presupuesto inteligente para el próximo año, con el cual se pueda atender las recomendaciones de las comisiones de derechos humanos local y nacional.
“Nos piden espacios dignos y los que tenemos están deteriorados, pues tres reclusorios datan de 1975, y la Penitenciaria Varonil de 1950. Ya se imaginarán cómo están las instalaciones electricas y sanitarias, totalmente deterioradas”.
Otro problema es lo anacrónico del Programa Nacional del Sistema Penitenciario que data de hace casi 40 años. Los diputados se habían quejado de la corrupción, del maltrato a la visita, del hacinamiento y de muchas cosas más. Sin embargo, al escuchar la problemática que les expuso el funcionario, ninguno protestó cuando lo escucharon decir que “es casi imposible trabajar con 37 mil internos”.