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El Bordo, reino de las moscas

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Rafael Montes
El Universal
Sábado 02 de agosto de 2008
df@eluniversal.com.mx

Don Lucino ha convivido por 20 años con las moscas. A montones se pegan en los vidrios de su camión cuando entra a los bochornosos terrenos del Bordo Poniente, aún abierto por una prórroga otorgada al gobierno de la ciudad.

Ya sea de Tlalpan, Cuauhtémoc o de la Central de Abastos, el tráiler verde con gris que conduce don Lucino se encamina todos los días y de dos a tres veces hacia la zona nororiente del Distrito Federal.

Es ahí donde está el gran bote de basura de la capital, donde aparentemente termina el recorrido de los desperdicios. Es donde el envase vacío de leche queda enterrado, aplastado, revolcado y perdido para siempre.

Ya no es sólo el bote casero, ni el “hongo” del edificio, ni el carrito de la unidad, ni el camión de volteo ni la caja de un trailer de 40 toneladas. No. Es el Bordo Poniente, el reino de las moscas. Vuelan, se adhieren a las ventanas, se pelean la basura y se amontonan sobre ella. Zumban.

Cuando la basura satura los contenedores de los tráileres en las estaciones de transferencia, éstos inician un nuevo recorrido. Aunque pasan desapercibidos en el torrente automovilístico del DF, circulan por avenidas principales.

Los camiones salen de cada delegación con su caja cubierta por una lona y se enfilan por el Periférico Oriente hacia la planta de tratamiento de basura del Bordo Poniente en el municipio mexiquense de Nezahualcóyotl.

Después de pasar algunas casetas de vigilancia, el operador checa su tarjeta de entrada, en donde se registra la cantidad de basura que su unidad lleva encima.

Entonces es momento de ingresar. Encima de los cerros de desperdicios, los pepenadores están en su mundo. Separan basura. Llenan camionetas con envases de plástico.

“No me consta, pero dicen que eso lo empacan, lo mandan a Colima y de ahí parte en barco para China”, comenta el operador.

Entre tanta “melcocha”, como le dice don Lucino para hacer agradable la jornada, opera maquinaria. Un aparato tritura, otro la cubre de tepetate y uno más la compacta y aplana. Poco a poco y con cada descarga, el montón crece. Es por eso que pretenden cerrarlo paulatinamente. “Esas son irresponsabilidades, cómo van a cerrar sin tener una alternativa segura”, reclama el conductor.

 
 

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