df@eluniversal.com.mx
Aquel envase vacío de leche que anoche terminó en el bote de basura de un departamento de Tlatelolco, hoy va, aplastado, revuelto con todo tipo de desechos, rumbo a su destino final en el Bordo Poniente, que próximamente empezará a recibir cantidades menores de desperdicios.
Cada familia de los edificios más altos de esa unidad habitacional arroja su basura en unos ductos para que se acumule en la planta baja. En los edificios pequeños, los desperdicios se depositan en contenedores con forma de hongo.
Francisco empezó a trabajar a las seis de la mañana. Sin guantes ni tapabocas, se auxilia únicamente de un recogedor rojo de plástico para retirar la basura de los cubos de basura en donde se acumula la que va cayendo desde lo alto del edificio Morelos.
Además se encarga de sacar los costales de lona de los “hongos”. Llenos, a punto de desbordarse, esperan formados a que otro empleado pase en su carrito motorizado para retirarlos.
Así, los costales verdes recorren los estrechos pasillos de Tlatelolco a bordo de seis cochecitos destinados para ello. Todos se concentran en la esquina de Reforma y eje 2 Norte.
Allí es La Tolva. Era un incinerador, pero “no funcionó”, comenta Andrés Sánchez, responsable del área de desechos sólidos de la unidad. Explica que en ese lugar se colectan las más de 30 toneladas de basura que se generan en Tlatelolco, y que de allí parten hacia las Estaciones de Transferencia de Chabacano o Azcapotzalco.
La basura que llega a La Tolva se vierte en camiones de volteo. “Llegan como cuatro o cinco, y cada uno hace dos viajes”, explica Andrés. Cuando uno de esos vehículos se llena, su contenido es cubierto con una lona. Bien amarrada ésta, el camión que conduce Alberto Ayala arranca, sortea el tráfico, avanza por el eje 1 Oriente y llega hasta el cruce con Chabacano.
En la estación, la basura cambia de contenedor. El camión se coloca sobre una báscula. Anuncia su procedencia: “De Tlatelolco, de La Tolva”, grita Alberto. “150 pesos la tonelada”, dice en la caseta de entrada. “Es que se cobra a los camiones privados”, comenta.
Sube por una rampa y acomoda la parte trasera en la orilla de un vertedero. Acciona una palanca y toda la basura es expulsada sin preocuparse por separar residuos orgánicos e inorgánicos.
Cuando ya recibieron la basura de los camiones, tráileres salen del túnel donde se habían metido. Tapan su contenido con lonas y emprenden el camino hacia el Bordo o el tiradero de Santa Catarina. A estas alturas, intentar encontrar el bote de leche es ya un reto casi imposible.