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Un gabinete sin cohesión, con pleitos entre secretarios y funcionarios del primer círculo que alcanzaban niveles de pugna personal, agravó la crisis política en el gobierno de Marcelo Ebrard tras la tragedia en la discoteca New’s Divine.
Después de ese hecho, integrantes del mismo reconocen que se reunificó el disperso equipo, y Ebrard rescató una diluida autoridad entre sus colaboradores cuando aceptó renuncias y movió piezas, lo que ayudó a unirlos.
En entrevistas por separado y pidiendo el anonimato, colaboradores cercanos al jefe de Gobierno reconocieron que vivieron una grave crisis que tardó en remontarse.
Pocos quieren hablar sobre cuánta autoridad había perdido Ebrard entre sus colaboradores, pero una anécdota relatada en los pasillos del GDF lo ejemplifica. “Desde el inicio de la crisis, le dijo a Joel Ortega que debía renunciar, pero la respuesta fue que no; Joel le exigió tiempo para limpiar su imagen, y le recordó que si renunciaba, eso lo obligaba a reconocer a Felipe Calderón como Presidente, pues tendría que pedirle permiso para nombrar a un sustituto”, detalló una fuente entrevistada.
En el propio GDF tampoco se sabe cuánta autoridad se perdió y se ha recuperado entre los ciudadanos, pero el próximo 27 de julio harán esa medición con la consulta sobre la reforma energética, que en la administración local es vista como un termómetro para evaluar qué tanto le responderá la población al mandatario. A un mes del New’s, algunos funcionarios subrayan que cambió la manera de gobernar.
La salida de Joel Ortega y de Rodolfo Félix generó una cohesión que antes no había. Era de todos sabido el conflicto personal que existía entre esos personajes, que hacía tomar partido a otros integrantes del gabinete.
Así, por ejemplo, en el grupo de Joel Ortega se encontraban la consejera jurídica Leticia Bonifaz y la Autoridad del Centro Histórico, Alejandra Moreno, en tanto que en apoyo de Rodolfo Félix estaba el secretario de Gobierno, José Ángel Ávila y el jefe de la oficina de la Jefatura de Gobierno, René Cervera.
Tras las renuncias, trascendía que el gabinete se había partido en dos, pero los entrevistados niegan esa fractura. Previo a las dimisiones, el ambiente no era favorable. Jorge Arganis, secretario de Obras, ya había presentado su renuncia, inconforme por la creación de una Subsecretaría de Proyectos Especiales que le resta operatividad. “Alguien muy sabio le dijo que no lo hiciera”, revela una fuente.
“Podemos haber muchos grupos que hacemos labor de apuntalamiento, que tenemos a nuestro propios liderazgos como a Andrés Manuel López Obrador, pero la autoridad hoy la vemos en Ebrard”, agrega una fuente, que pertenece a una de las corrientes del PRD más fuertes en el DF.