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TOLUCA, Méx.— Calixtlahuaca, la zona arqueológica matlatzinca donde hace cientos de años hubo danza, rituales y ceremonias, hoy es un terreno devorado por la ciudad. Un patio trasero.
Geográficamente localizado a 10 kilómetros del centro de la capital, el sitio ceremonial que los miembros de la etnia matlatzinca consideraban como el más importante para venerar a sus dioses, está al alcance de la mano de los habitantes de la población que antes le robó el nombre y ahora el espacio.
El desarrollo urbano de la Zona Metropolitana del Valle de Toluca ocasiona prácticamente su desaparición, pues el crecimiento de las colonias y viviendas que se ubican en su entorno, ha opacado la importancia de las estructuras piramidales, que en su momento fueron las más importantes de la región.
El centro piramidal, ubicado sobre la carretera federal 55, está rodeado de casas y construcciones que han ido acercándose al perímetro central del sitio.
Hay casas que desde sus balcones tienen vista directa a la pirámide. Los hogares de cientos de familias se ubican a los pies del centro ceremonial, que actualmente luce abandonado a su suerte por las autoridades y a punto de desaparecer.
Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Calixtlahuaca es considerado patrimonio cultural de México, no sólo por las estructuras piramidales encabezadas por el templo del Dios del viento Ehécatl-Quetzalcóatl, de forma circular, sino por otros vestigios encontrados en la zona, que en total suman los 126 monumentos.
En el sitio se ha detectado influencia de las culturas teotihuacana, tolteca y azteca, aunque se sabe de vestigios de ocupación humana desde hace por lo menos tres mil años.