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Minutos antes de presentar la solicitud de licencia indefinida para retirarse de la jefatura delegacional, Francisco Chíguil maniobró para dejar en su lugar a un incondicional.
Luis Meneses García era hasta la mañana del miércoles, coordinador de asesores del delegado. Él era quien le hablaba al oído para ayudarlo a decir qué hacer, para decidir o negarse a contestar, para corregir datos que daba erróneos o aclararlos después.
Chíguil lo nombró director general jurídico y de Gobierno, y de acuerdo con la Ley de Administración Pública del DF, asume la función de encargado del despacho. “La decisión la tomó el jefe delegacional hasta el día de hoy”, explicó Francisco Chíguil en entrevista. Lo nombró antes de que enviara por escrito la solicitud a Marcelo Ebrard.
Con rostro serio y en momentos con una sonrisa nerviosa, Chíguil dio el anuncio públicamente: “En congruencia con mi trayectoria de honestidad, trabajo y compromiso con la gente, he tomado la decisión de solicitar al jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, licencia, con la intención de no entorpecer las investigaciones que están realizando las instancias competentes... para que todo aquel servidor público que haya sido omiso en el desarrollo de sus funciones, por errores o irregularidades, responda ante las autoridades competentes”.
Chíguil pertenece al grupo de los “bejaranistas” y hoy a Izquierda Unida, antes conocida como Izquierda Democrática Nacional (IDN) del Partido de la Revolución Democrática. Se sabe que hizo “pactos” con el mismo Joel Ortega, quien fue delegado de esa demarcación de 2000 a 2003.
La disputa por quién se quedaría en lugar en lugar de Chíguil necesitó de reuniones a puerta cerrada desde el martes. En ellas hubo gente del gobierno central. Ahí se mencionó al director de Gobierno, Rafael Bustamante, a Elio Bejarano, actual director general de Desarrollo Delegacional y hermano de René Bejarano, y a Héctor Antuñano, actual director general de Gobierno del DF, que sería como el representante de Ebrard en la delegación. Ante la pregunta de que si el gobierno central decidió cortar su cabeza en vez de la de Joel Ortega, el perredista guardó silencio unos segundos, dejó ver una ligera sonrisa y dijo: “No creo en el juego de las cabezas”.