sara.pantoja@eluniversal.com.mxHoras antes de terminar las clases de los viernes, entre las bancas y los pasillos de la secundaria 215, algunos no hablaban más que de la hora y el lugar para ir a la New’s Divine.
“Nos poníamos de acuerdo de vernos a las 3 o 3:30 en la esquina del Divine. Íbamos a nuestras casas, comíamos y nos arreglábamos. Nos pintábamos para vernos más grandes y poder entrar”, contó Brenda, quien dijo tener 17 años aunque vestía uniforme. Asidua bailarina del antro donde murieron 12 personas, contó que pocas veces les pedían credencial.
La revisión, dice, tampoco era estricta. “A veces te revisaban y te quitaban los zapatos a ver si no traías nada. Te tocaban arriba, abajo, tu cinturón, pero no era una revisión bien”, detalló.
La secundaria donde estudia Brenda es uno de los 44 planteles escolares de distintos niveles ubicados en la colonia Nueva Atzacoalco, según la Secretaría de Educación Pública.
En los muros de alrededor aún queda la publicidad de las tardeadas del 12 y 19 de julio en el New’s Divine. Así se invitaba a los jóvenes, además de la propaganda que les repartían a la salida del baile.
La “fiestas de espuma” eran también un atractivo, donde el único requisito para entrar era llevar tenis para no resbalarse. También se hacían concursos de baile. “La que enseñaba una tanga o el que enseñaba más, le daban una michelada”, contó.
El viernes 21, Brenda estaba dispuesta a ir a bailar al New’s Divine con un amigo, pero se sintió un poco mal y desistió. Posiblemente salvó su vida.