Carecen de conciencia al cometer un delito por el trastorno mental que padecen y por eso son llamados inimputables, aun así son encarcelados y también, olvidados por sus familiares.El aspecto de José es el de una persona tímida, y no parece ser el mismo que asaltó y agredió a una mujer. Su familia casi no lo visita, al igual que pasa con 60% de los 350 internos del Centro Varonil de Readaptación Psicosocial.
“Sí vienen a verme, pero muy de vez en cuando; ya dejaron de venir, bueno, es que como están un poco retirados y somos de bajos recursos, no tenemos dinero para que vengan seguido”.
Con diagnósticos siquiátricos, daño orgánico cerebral, esquizofrenia paranodie, transtornos de la personalidad, trasntorno paranoide o bipolar, estos reclusos son temidos por sus parientes.
En el patio del Cevarepsi, un interno pasa al centro del grupo que es atendido por personal de Alcohólicos Anónimos (AA), y con la mirada baja, narra: “Un día fui a una fiesta y me puse bien borracho. Llego a mi casa, me acuesto a dormir... llega mi hermana y las agarro a trancazos a las dos. A mi jefa le rompí la nariz”.
No saben qué hacer con ellos
Son varias las ocasiones en que cuando uno de estos internos está a punto de ser liberado, sus familiares piden a la directora del Cevarpsi, Consuelo Vázquez Solís, que no los saque, que no saben qué hacer con ellos. Algunos abandonan la prisión en solitario, sin un peso en la bolsa y sin ninguna ayuda gubernamental.
No es extraño que vuelvan a delinquir y regresar a prisión.
“La visita para ellos es fundamental, requieren de un apoyo familiar y afectividad, además es importante que nos ayuden en cuestión de la terapia para que entiendan que tienen un padecimiento y que requieren un tratamiento continuo”, indica la directora de este lugar.
Feggy Ostrosky, neurosicóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), refiere es necesario separarlos del resto de la población y darles la atención especial que permita controlar el mal que los acompañará toda su vida.
“Una población siquiátrica requiere un tratamiento muy diferente de muchos recursos y personal especializado, así como darles herramientas para que no vuelvan a delinquir”.
La situación en que los mantienen las sociedad, no les permite evitar la reincidencia, aunado a todo el aprendizaje delictivo que hay en la cárcel, indica.
El juez 44 de lo Penal, Alejandro Santíes Carriles, refiere que varias de estas personas están tras las rejas por manosear a mujeres, pero eso es resultado de su distinta comprensión que tienen de la realidad.
A partir de las reformas al Código Penal en 2003, que endurecieron las penalidades, el Cevarepsi vio incrementarse su población, así como el resto de los penales capitalinos.