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El Metro debe ampliar capacidad

El Metro debe ampliar capacidadEl Metro debe ampliar capacidad
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Sergio O. Saldaña Zorrilla*
El Universal
Jueves 22 de mayo de 2008

La red del Metro de la ciudad de México necesita al menos duplicarse para reducir la actual presión por transporte, y al menos triplicarse para absorber el crecimiento poblacional de los próximos 15 años.

Similar a como esta ciudad implementó el transporte subterráneo un siglo después que Londres y con un rezago de más de medio siglo respecto de otras ciudades con grados de desarrollo económico comparables a la nuestra, como Buenos Aires y Madrid, así ahora se ha estancado en la expansión de su red.

Contrario a la creencia popular de que la ciudad de México posee una enorme red del Metro, es muy pequeña si se le compara con las necesidades de trasporte de su población.

A diferencia de Madrid, Londres, París y Moscú, la ciudad carece de una red de trenes suburbanos como extensión de la red del Metro que interconecte el transporte colectivo.

Aunque insuficientes, han sido un gran acierto del gobierno de la ciudad de México la reciente construcción de la línea del Tren Suburbano Buenavista-Lechería así como el proyecto del Metro a Tláhuac; sin embargo, esas acciones son todavía muy conservadoras para las necesidades reales de transporte de la ciudad.

A diferencia de automotores de combustión a diesel y gasolina, la operación del Metro por medio de energía eléctrica produce muy pocas emisiones contaminantes.

En vista del inminente agotamiento de las reservas petroleras del país, el Metro presenta la mejor alternativa en términos de disponibilidad energética de mediano y largo plazo.

Otra de las virtudes del Metro es que, a diferencia de microbuses y gran parte de los autobuses, su propiedad y operación es de carácter público.

Ante el actual hacinamiento urbano del DF, el subsuelo es aún un espacio que debe aprovecharse mucho más como vía de comunicación, por encima de proyectos de metrobuses y otros a nivel de la superficie.

Gran parte de la conflictiva cotidiana de esta ciudad se debe a la tensión de conducir un automóvil, misma que representa no sólo un desperdicio enorme de energía humana y fósil, sino que es también fuente de una serie de padecimientos neurológicos y de bajo rendimiento laboral. Todo esto en conjunto, lamentablemente, conduce a la actual baja calidad de vida y estancada productividad económica en que se encuentra la ciudad.

* Doctor en Ciencias Económicas y Sociales por la Universidad de Economía de Viena, Austria. Investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM, especializado en economía del cambio climático, desastres naturales y política agrícola.

saldana@atmosfera.unam.mx



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