edith.martinez@eluniversal.com.mxEl estreno del autobús ecológico fue doble: primero, los usuarios abordaron el nuevo transporte; luego, el chofer le rompió el espejo retrovisor derecho.
Al ingresar a la terminal, José Saavedra tuvo un error de cálculo y estrelló el espejo retrovisor con la malla y el alambre de púas que resguardan a los microbuses estacionados. “Es que ya nos estaban apurando, aunque finalmente es descuido de uno”, comentó el conductor.
En la base, José Antonio y su esposa Angélica fueron los primeros en subir al autobús. Voltearon a todos lados para conocerlo: “Le dije a ella que nos subiéramos a éste porque se veía más nuevo, porque los viejos luego están muy feos”. La pareja coincidió en que el nuevo autobús era cómodo; sin embargo, esperan que el servicio mejore y que los ciudadanos lo cuiden.
Desde muy temprano, el nuevo autobús recorrió la ruta como todos los días, pero hoy la reacción de los pasajeros fue distinta: “La gente hasta lo ve diferente, lo observa y nos dijeron que era bonito”, señaló Guillermo García, delegado general de la ruta 98.
Este lunes, en Periférico, en su tramo de Toreo a Canal de Garay, la nueva unidad de color rojo transitó con las placas metropolitanas 850NA131, que pertenecían al microbús que le cedió su lugar.
El chofer de la unidad estaba bien uniformado: camisa azul, pantalón negro y corbata. La intención de los transportistas es mejorar el servicio que brindan a los pasajeros.
“El problema está ahí: por mucho que haya unidades nuevas, si la atención no mejora, no sirve de nada”, comentó Raymundo García, uno de los usuarios de la nueva unidad.
José Antonio dijo que el problema es que ante una novedad, la gente no sabe respetarla, pues comienzan a rayar o pintar los asientos y vidrios; “a ver cuánto dura”, concluyó.
Atrás de ellos, los demás pasajeros se confundían al no saber que debían depositar el dinero en la maquinita o pagar en mano al operador.
El “ecobús” pasó la prueba. Al llegar al paradero de Canal de Chalco, la lluvia comenzó. Pero José Saavedra, conductor de este autobús, estaba preparado. A bordo traía una jerga para limpiarse los pies al subir. Los limpiadores empezaron a funcionar, al igual que el aire acondicionado, que evitó que los vidrios se empañaran y le restara visibilidad al chofer.
Sin embargo, los charcos que se forman dentro del paradero lo obligaron a circular despacio, mientras Rubén Martínez, chofer de microbús, decía: “Mire, mire cómo viene, necesitan arreglar aquí, hay muchos hoyos”.
Este “ecobús” costará un millón 600 mil pesos; es alemán pero está armado en China y se prevé que a más tardar en un mes lleguen más de éstos, algunos de los cuales tendrán asientos reclinables y estarán alfombrados para realizar la ruta exprés.