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A las 11 de la mañana empieza la función: 10 actores con capacidades diferentes interpretan Vaselina. Uno de ellos baila y canta como lo hacía el famoso John Travolta en la taquillera película.
Al otro lado se le aproxima una chica con Síndrome de Down, quien interpreta a Olivia Newton John. Ríen mientras que del lado del público padres de familia y niños con parálisis cerebral observan atentos la obra teatral. Aplauden y celebran.
Una de los asistentes es Fátima, de 13 años, quien ya logró comunicarse. A través de un dispositivo muy sencillo están buscando sacarla de ese silencio en el que ha vivido.
Le han creado un equipo llamado AT que le sirve para aumentar, mantener o mejorar sus capacidades funcionales.
Al igual que el físico inglés Stephen Hawking, que puede expresarse verbalmente a través de una computadora que traduce el movimiento de sus pestañas, Fátima sopla a través de un popote conectado a un vaso de unicel que, a su vez, se desplaza por un lector que despliega una barra de menú del ordenador para elegir en la pantalla lo que quiere en ese momento: ver la televisión, comer o escuchar música.
En la misma situación se encuentran Jesús, Luis Alexis y Catalina, quien de un tiempo a la fecha ha aprovechado que sólo puede mover las manos para accionar un aparato, también conectado a una pantalla de computadora que le sirve para pasear por un despliegue de símbolos que expresan lo que necesita.
Adriana Mújica, coordinadora del Centro de Asistencia y Tecnología (CAT) de la Fundación Ven Conmigo, señala que todavía persiste el rechazo de un gran sector de la sociedad a aceptar la compañía de una persona con algún tipo de discapacidad.
Incluso, agrega, que hasta los propios familiares son quienes los tratan como bultos y buscan deshacerse de ellos.
Mújica explica que en el Centro de Asistencia y Tecnología se han instalado software especiales en una gran cantidad de juguetes para que los usuarios puedan superar los problemas físicos y mentales y acrecentar sus habilidades.