caviles@eluniversal.com.mxDe los discursos fuertes o cautelosos ante los ministros de la Suprema Corte de Justicia en el Pleno de sesiones, los defensores del aborto pasaron a los saludos efusivos, a los abrazos familiares, a los besos en la mejilla y a las pláticas “en corto” con los integrantes del máximo tribunal del país, que no tuvieron hace un par de semanas los representantes de los organismos que cuestionaron la reforma.
Pero, el principal interesado, el representante en ese momento de los legisladores que emitieron la reforma cuestionada, Víctor Hugo Círigo ya no estaba ahí para verlo, para aprovechar el momento. Había preferido ganar los reflectores, ofrecer una conferencia acompañado de otros asambleistas y retirarse antes de que terminara la audiencia.
Al final, casi sólo quedaban mujeres defendiendo a las mujeres. Porque fue una audiencia en dos tiempos.
El primero de esos tiempos fue el de los discursos fuertes, el de las críticas a quienes, como el ombusman nacional, José Luis Soberanes. se oponen al aborto; el de la defensa ardua del derecho de la mujer a decidir libremente sobre su cuerpo; el de los argumentos para desvirtuar las afirmaciones de quienes aseguran que el embrión es una persona, porque, repitieron, cada quien en su turno, no lo es.
La audiencia de los que están en favor de la reforma que despenalizó el aborto antes de las 12 primeras semanas de embarazo la abrió el presidente de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Víctor Hugo Círigo Vázquez. Uno a uno expuso los cinco derechos que establece la Constitución en los que se basaron para aprobar la reforma hace un año. Aunque su atención la concentró en demostrar, con argumentos jurídicos que no científicos, que “los embriones no son personas y, en consecuencia, no pueden ser titulares de derechos fundamentales”.
Incluso, para ironizar sobre el tema, aseguró que “de otra manera tendrían doble nacionalidad quienes fuesen concebidos en un país y nacieran en otro, y requerirían pasaporte los embriones que pasaran de un país a otro en el vientre de la mujer embarazada”.
La consejera jurídica y de Servicios Legales del Gobierno del DF, Leticia Bonifaz Alfonso, le siguió en el uso de la palabra y, de entrada, aprovechó la ocasión para anunciar que se le notificó que se habían promovido amparos para pedir la protección de los embriones que se verán afectados por los abortos.
Después de augurar el fracaso de dichos juicios, dijo que quienes promueven este tipo de acciones tal pareciera que lo que buscan es que el destino de una sola célula sea el que decida si una mujer pierde o no su libertad.
Por eso mismo les pidió a los ministros que basen su decisión en hechos concretos y no en cuestiones abstractas.
Después vendría el segundo tiempo, el del resto de las exposiciones a favor de la reforma. El de la reiteración de los argumentos, y el de la participación de sólo dos hombres más defenderían la despenalización del aborto: el senador perredista Pablo Gómez y el abogado penalista Jesús Zamora Pierce.
Y al final, los ministros de la Corte coincidirían en la salida con algunas de las ponentes. Algunos, como Mariano Azuela, se escabullirían rápidamente hacia el elevador; otros, como José Ramón Cossío, se darían tiempo para saludar a varias de las asistentes, entre ellas a la directora general del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, Martha Lucía Mícher Camarena; o como el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo, quien platicaba con la directora de la revista Debate Feminista, Marta Lamas.
Pero ninguna como Leticia Bonifaz, a quien la ministra Olga Sánchez Cordero buscó para saludarla, darle un abrazo —que después también le darían Margarita Luna y Fernando Franco— y hacerle algunos comentarios “en corto”.