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“Me voy a tener que aguantar las ganas”, contó Monserrat Vargas en la banqueta, mientras encendía su cigarro en la colonia Jardín Balbuena.
Acababa de tomar café con su amiga en un restaurante de la cadena que semanas atrás se amparó ante la entrada en vigor de la Ley de Protección a la Salud de los No Fumadores, pero que ayer, en sus puertas puso un aviso en papel azul: “Por disposición oficial, queda prohibido fumar en este establecimiento”.
Su amiga llegó primero. De inmediato y por costumbre pidió una mesa en la “sección de fumar”, pero el gerente le dijo que ya no existía.
“Estoy de acuerdo con la ley. La gente no tiene la culpa de que a mí me guste fumar. Estoy consciente, pero no creo que eso me haga dejar el cigarro. Si quiero uno, me salgo y ya”, agregó Monserrat.
Durante el primer día en que entró en vigor la ley antitabaco en la ciudad de México, cientos de capitalinos se resignaron a fumar en las calles, fuera de los restaurantes, cafeterías y oficinas.
Pero esto no significó que los fumadores estuvieran de acuerdo con la nueva ley, por el contrario, la criticaron y consideraron que no logrará que se quite el hábito.
“Las leyes no deben ser impositivas, lo correcto es que la gente las tomé por convicción, las personas no dejarán de fumar por esta ley, nosotros seguiremos fumando”, opinó José García quien disfrutó de un cigarro sentado en la terraza de una cafetería.
Molestos y enojados por considerar que sus derechos para decidir si fuman o no fueron coartados, cientos de personas sobre Insurgentes Sur fumaron afuera de los inmuebles públcios y privados.
Fumadores como Jorge Maldonado dijo estar de acuerdo con la prohibición, pero consideró un exceso que no se pueda fumar en antros.
Para Lisset Tabla, la ley limita su derecho. “Es bajo tu propio riesgo si fumas o no, tu decides, pero ahora nos están echando”, se quejó.