df@eluniversal.com.mxPacientes que reciben atención en el Instituto Nacional de Neurología, ubicado en Insurgentes sur, padecen a diario un viacrucis para acudir a sus citas y regresar a sus domicilios desde que opera el Metrobús, ya que el hospital quedó en medio de dos estaciones, y la mayoría no pueden desplazarse debido a discapacidades.
“Es un crimen lo que hicieron con los enfermos; la mayoría no podemos caminar, muchos nos auxiliamos con muletas o andaderas, pero hay otros que andan en silla de ruedas porque no pueden caminar nada y las estaciones del Metrobús están a cuatro y tres calles de distancia”, relata con coraje María Flor Romero González, mujer de edad avanzada que continuamente asiste a ese nosocomio.
“Yo no puedo caminar tantas calles y mucho menos subir los puentes peatonales tan grandes que instalaron en el Metrobús; antes, los microbuses paraban en la mera puerta del instituto y ahora ya no”, agrega.
Como ella, decenas de pacientes del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez se quejaron durante un recorrido de EL UNIVERSAL, en especial quienes vienen de provincia, ya que varios no saben leer ni escribir y sufren para trasladarse, primero para ubicar las estaciones del Metrobús; luego para comprar y cargar las tarjetas electrónicas y adivinar lo que dicen las instrucciones, y hasta para subir y bajar de los pasos peatonales, rampas y otros accesos acompañados de discapacitados, incluso con el escaso español que hablan, como Juan Antonio Sánchez, quien acude a llevar a su hermana Hortensia a tratamiento y viene de fuera, señala.
“Sin planeación de la autoridad”
—¿Qué opina de la entrada en operación de la ampliación del Metrobús, le beneficiará a usted y a los enfermos que vienen a Neurología?
—Es un verdadero desmadre cruzar Insurgentes, llevamos dos horas tratando de parar un taxi y de llegar al otro lado con la paciente —María Flor Romero—, que no puede caminar y ni taxis ni como llevarla caminando hasta las estaciones del Metrobús, es un desmadre—, reitera la terapeuta Yolanda González Romero.
“Las autoridades y Marcelo Ebrard no pensaron en los enfermos que vienen a Neurología, muchos no saben leer ni escribir, vienen de provincia y no tienen dinero para pagar taxis y mucho menos cuentan con carro; otros están discapacitados, por lo que es un martirio subir y bajar puentes peatonales, rampas y acceder a las estaciones, que están a cuatro y tres cuadras de distancia; es decir, dejaron el hospital en medio de dos estaciones. ¿Quién planeó esto?”, pregunta.
A su vez, Carolina Ortega de plano dijo: “Son chingaderas, la gente mayor y los enfermos le valemos al gobierno y a los concesionarios del transporte”.
“A todo lo largo del derrotero hay nudos y embudos viales: en Perisur, en Corregidora, en Ayuntamiento, en La Joya. Si viajas en Metro y vienes de CU, te atoras al pasar por Perisur y al agarrar Periférico; si bajas de las colonias de Tlalpan sur, te frenas horas en las calles de Ayuntamiento y Santa Úrsula; si subes a los barrios, te quedas atrapado en Santa Úrsula, Arenal, San Marcos y Corregidora, y no hay de otra; si estas enferma o discapacitada, con suerte tomas un taxi y ‘te lleva a pasear’, porque no hay retornos ni salidas de la zona de conflicto cerca del hospital, y si antes una dejada te salía en 20, 30 o 40 pesos, ahora sube a 50, 60 o más, si se para el vehículo o si hallas uno vacío”.
A jugarse la vida
Otro problema para los pacientes del Instituto Nacional de Neurología —si se dan valor, caminan las cuatro calles a la estación del Metrobús Ayuntamiento o tres a la de Fuentes Brotantes, logran cruzar la avenida Insurgentes a salvo, pese a sus discapacidades y llegan al andén—, es si encuentran espacio para que puedan abordar con silla de ruedas, andaderas y muletas, pues en horas pico ya va bastante saturado debido a que los microbuses dejaron de dar servicio esta semana.
Por lo todo lo anterior, los enfermos y sus familiares demandaron que se busquen soluciones a esta problemática, sobre todo ahora, ya que los cacareados elevadores aún no son instalados y el transporte para ese hospital es una dificultad y dolor de cabeza para los pacientes.