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Se niegan a abandonar predio de avenida Chapultepec

Aunque el bombazo los dejó con miedo, otomíes piensan comprar el terreno
Se niegan a abandonar predio de avenida ChapultepecSe niegan a abandonar predio de avenida Chapultepec
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Karla Calderón
El Universal
Jueves 06 de marzo de 2008

df@eluniversal.com.mx

Para las 26 familias de origen otomí que habitan el predio ubicado en el número 342 de avenida Chapultepec, a un costado de donde se registró la explosión del pasado 15 de febrero, la vida aún no ha regresado a la normalidad, pues todavía sienten temor por lo ocurrido. Sin embargo, no están dispuestas a abandonar su hogar por ningún motivo.

“Estamos bien, aunque los compañeros están asustados todavía. Con cualquier ruido que pasa se vuelven a asustar. En la noche tienen miedo de salir. Las señoras están muy sacadas de onda por todo lo que pasó”, expresa Mario Celedonio Canuto, miembro de la pequeña comunidad indígena.

El día del bombazo recibieron apoyo de Protección Civil y del DIF para montar un campamento provisional. Posteriormente regresaron a sus casas para retomar el cauce de sus vidas.

Juntan dinero

Cuando se le cuestiona a un grupo de mujeres sobre su situación actual, éstas se niegan a opinar, tienen desconfianza. “Ya para qué preguntan, si eso pasó hace 15 días”, expresa una de ellas mientras termina de enjuagar la ropa.

A pesar del miedo, nadie quiere irse. Y es que llevan aproximadamente 13 años de habitar ese espacio. Son de Querétaro, y todos se conocen entre sí. Antes de hallar cobijo en el terreno, las familias enteras deambulaban por las calles sin tener un lugar fijo para pasar las noches. Ahora, los hijos ya asisten a la escuela mientras los padres trabajan como vendedores ambulantes, artesanos y limpiaparabrisas.

“El jefe de Gobierno ya sabe más o menos nuestro problema, porque ya tenemos una negociación con el dueño para ver si nos vende. Queremos comprar el predio para quedarnos a vivir. El señor está dispuesto a vender, lo único que nos falta es dinero”, refirió Celedonio Canuto.

El terreno está dividido en tres hileras de pequeños cuartos hechos de láminas y madera. Mientras las mujeres lavan, los niños juegan en el patio que da a la entrada. La tarde del 15 de febrero parece haber quedado atrás, sin embargo, los resabios de la explosión aún se perciben en la mirada de los habitantes del 342 de avenida Chapultepec.


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