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Hay que portarse bien y demostrarlo

Hay que portarse bien y demostrarloHay que portarse bien y demostrarlo
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Jorge Alejandro Medellín
El Universal
Martes 04 de marzo de 2008

jorge.medellin@eluniversal.com.mx

Reclusorio Femenil de Santa Martha Acatitla. Por vías distintas, dos mujeres han aprendido el valor de la vida y los caminos para reencontrarla.

La abogada Ethel Flores Castillo, sentenciada a ocho años y medio de prisión por intento de homicidio, ha aprendido pronto que debe andar “derechita” en la prisión si quiere ver de nuevo a sus hijos.

Ha aprendido también lo que para alumnos de Derecho es pura teoría, escenarios inimaginables que sólo les suceden a “los otros”.

Ahora sabe que en prisión hay que portarse bien y demostrarlo a cada momento. Por eso tuvo la insipiración para escribir hace tres meses el primer himno de este penal femenil y cantarlo a sus compañeras cada vez que se puede.

Con otra reclusa francesa trabaja en la música que casi nadie corea en la entrega de 139 certificados de primaria y secundaria.

Por ahora eso no tiene mucha importancia. Vale, más bien, el hecho de haberlo compuesto, de mostrar con ello y con las clases de ajedrez y otras materias universitarias, que está dispuesta a hacer todo lo bueno que esté a su alcance para recobrar la libertad.

Lleva un fólder azul, y pegadas con cinta adhesiva están las frases del himno escrito con tinta negra sobre hojas arrancadas a una libreta. Las canta olas recita emocionada a las “muchachas” y luego baja del proscenio. No hay duda, dice, “la libertad llega, en algún momento, pero siempre llega”.

Para Mónica Díaz Cedillo, acusada de robo agravado, lo mejor que le pudo ocurrir, paradójicamente, fue llegar a prisión “porque si no allá afuera seguro que ya estaría yo muerta o metida hasta el fondo en las drogas”.

De cabello largo y cobrizo, solloza y muestra una fotocopia de su certificado de primaria entregado ayer tras un año de cursar las materias de este grado escolar.

“Es uno de mis logros más importantes”, dice mientras lee el documento en el que aparece su promedio de aprovechamiento, 9.1.

“Y eso que ya también acabé la secundaria y empecé con la preparatoria. Yo creí que hoy me daban los dos pero, bueno, ya llegará el momento”, dice sentada en una silla blanca con la layenda “Grupo de Oración”.

Al bajar del proscenio con su certificado se reúne con las mujeres cristianas, con quienes lee el Evangelio. “Me ha salvado la vida, me ha hecho revalorar y hacer las cosas bien”.



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