df@eluniversal.com.mxEn una ciudad como el Distrito Federal 3 meses es mucho tiempo, o al menos el suficiente para que unas familias se formen y otras se rompan.
En este lapso, Carlos y Angélica se conocieron, se enamoraron y se fueron a vivir juntos al lado de su pequeño Jonathan formaron su familia.
“Yo ya tenía a mi bebé, era mamá soltera; lo conocí y me convenció de irme con él”, así resume Angélica su relación que más que repentina se basa en que encontró a la persona que la hace sentir bien, plena y “con la que quiero estar”.
La decisión de mudarse al mismo techo generó ciertas fricciones con la familia de Carlos, por el hecho de que Angélica ya fuera madre. “Pero eso a mí no me importa yo buscaba una compañera”, aseguró él.
Las dificultades que enfrentan día a día “no son para detenernos, sino para seguir adelante, estar con ellos facilita todo” comentó Carlos, mientras Angélica corría para alcanzar a su hijo de un año diez meses que comenzaba a alejarse por perseguir a una paloma.
Al otro lado de la plaza del teatro de la Juventud, Leticia Vázquez hacía fila para retratarse con su tres hijos y tener así un recuerdo del festejo del Día de la Familia.
La vida de Lety, como la llaman cariñosamente, dio un gran giro en tres meses al separarse de su esposo por violencia intrafamiliar: “lo dejé, ya no podía soportar más, agarré a mis hijos y me fui”.
Tras 9 años de matrimonio todo terminó por los problemas que se generaron en la pareja a causa del alcoholismo del marido. “Me chantajeaba y decía que si me iba se suicidaría porque sin mí su vida ya no valía; y yo no lo dejaba porque tenía miedo a que lo cumpliera”, recordó Lety.
Lo difícil para ella es tratar de explicarle a sus hijos porque su padre ya no vive con ellos y solo pueden verlo los fines de semana, pues durante el tiempo que estuvieron juntos “los niños nunca se dieron cuenta de nada”.
Los golpes, el chantaje emocional y la baja autoestima de Lety comenzaron a hacer estragos en el matrimonio a partir del tercer año. A la distancia de aquellos días lamenta que la relación haya terminado así, “como dos extraños”.
Sin embargo, no se arrepiente de la decisión por todo lo que ha logrado: trabaja en casa dos veces por semana y la relación con sus pequeños ha mejorado.
“En tres meses pasan muchas cosas. Es mucho tiempo para estar con mis hijos y disfrutarlos pero poco para recobrar la confianza en mí”.