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Estreno con sútiles mensajes

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Alberto Cuenca
El Universal
Miércoles 27 de febrero de 2008

alejandro.cuenca@eluniversal.com.mx

La sutil mueca del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, lo dijo todo. Retrató las divergencias.

Al micrófono se encontraba José Luis Luege, director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), quien aseguraba que el gobierno federal, en decisión conjunta con los gobiernos del estado de México y de la capital del país, “construimos estas cuatro grandes plantas de bombeo que permitirán recuperar la capacidad de desalojo del Gran Canal del Desagüe y aislar el emisor central del drenaje profundo para su rehabilitación y mantenimiento”.

Las palabras del funcionario federal, el mismo que en su momento exigía al gobierno de Ebrard que se coordinara con el de Felipe Calderón para evitar un colapso hidráulico de la ciudad, generaron murmullos entre los colaboradores de Ebrard.

Los funcionarios capitalinos recordaban las palabras que había dicho su propio jefe durante las seis visitas anteriores a las obras de estas plantas de bombeo, en el sentido de que el gobierno de la ciudad había edificado estas plantas, sin la ayuda de la Federación.

La mueca de Ebrard, un ligero movimiento de labios que parecieron dibujar una sonrisa, vino justo cuando José Luis Luege mencionó la palabra “construimos”.

Quizás porque así ya estaba diseñada la agenda o por pura coincidencia, el discurso de Ebrard vino inmediatamente después de las palabras del director de la Conagua, cubierto de un halo de réplica.

Funcionarios del gobierno federal y de la ciudad de México guardaron entonces un expectante silencio. Las porras dejaron de escucharse. Enrique Peña Nieto, gobernador del estado de México, se acomodó en su silla, ubicada al centro del presídium.

Cuando Marcelo Ebrard tomó el micrófono, allá en el municipio de Ecatepec, hasta un tren de carga soltó su silbido justo a un lado de la planta de bombeo 11 + 600, a escasos metros de la carpa donde tenía lugar el evento.

“Los casi 600 millones de pesos que se invirtieron en estas cuatro grandes obras, provienen de pagos que ha hecho el gobierno del Distrito Federal a la Comisión Nacional del Agua, y que después se dispusieron en el Fideicomiso 1928”, soltó Ebrard.

Claro que luego vinieron los halagos, los agradecimientos, los llamados a colaborar. Peña Nieto pedía trabajar sin distingos de orígenes partidistas o particulares. Hubo apretones de manos e imágenes para la foto de esta inauguración hecha de sutiles mensajes.


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