leonardo.frias@eluniversal.com.mx“¡Te pito si caen los azules!”, es quizá la más constante toponimia o significado del barrio bravo en los últimos ocho años. Y es que sus habitantes han tenido que adaptarse y resistir los constantes operativos policiacos que desde el año 2000 ha intensificado el gobierno del Distrito Federal, sin obtener la tan apetecida “limpia” del lugar compuesto por 48 manzanas.
Lo único que ha conseguido el gobierno local, en palabras de Alfonso Hernández, director del Centro de Estudios Tepiteños, en entrevista con EL UNIVERSAL, es que se reduzca en proporción la población del barrio.
“A Marcelo Ebrard no le interesa mucho el capital político que pueda tener Tepito, sino el capital inmobiliario que puedan ganar los inversionistas, porque en la zona de la Morelos, por ejemplo, se ha reducido un distrito electoral que se disipó por pérdida de población”.
Campo de batalla
Varios de los operativos han quedado sólo en intentos de acabar con la delincuencia; las escenas muestran a policías equipados y encapuchados reculando de calles principales de Tepito, frente a los habitantes que a mano limpia con cualquier objeto defienden su perímetro. Por ejemplo, en noviembre del 2000 fue infructuoso un operativo a pesar de contar con más de 300 patrullas y centenares de agentes; meses antes, más de mil 200 elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) efectuaron un “vasto operativo” y sólo se llevaron productos piratas.
En febrero de 2001, la PFP volvió a la carga; el resultado fue 150 toneladas decomisadas de diversos artículos. La máxima tensión fue la tónica durante ese y el siguiente año: la muerte de agentes judiciales y policías, así como la existencia de cuevas o túneles para el tráfico comercial, y la ejecución de algunos menores, comerciantes y clientes, crisparon aún más el ambiente.
El punto máximo se alcanzó en 2003, cuando el gobierno capitalino avaló con mayor fuerza la intervención de fuerzas federales en la zona, dentro del llamado plan CAT-DF, efectuado entre dependencias federales y locales. “Debemos tener una tarea más de inteligencia intensiva para combatir el hampa en Tepito. Yo no me opongo a que la PFP trabaje en la ciudad, no necesita invitación”, dijo el 10 de febrero de ese año el entonces jefe de la policía local, Marcelo Ebrard.
De la expropiación del ‘40’
Ya en la actual administración, se dio a conocer que la calle Jesús Carranza, en el corazón de Tepito, concentra al mayor número de vecinos presos en las cárceles capitalinas, por lo que un hecho sacudiría a sus pobladores, el 14 de febrero de 2007: un predio emblemático con entradas en Tenochtitlán 40 y Jesús Carranza 33, fue expropiado, y luego demolido y preparado para convertirse en el Centro Comunitario DIF.
“Este centro no va más que a dotar de servicios sociales, culturales a sus pobladores; la cuestión es que no estamos con los brazos cruzados y queremos decirle a la sociedad que el barrio está resistiendo una cadena de proyectos especulativos, porque Tepito debe respetarse como uno de los barrios originarios y populares de la ciudad de México”, señala Alfonso Hernández, del Centro de Estudios Tepiteños.
El especialista advierte que por encima de la estigmatización que padecen los habitantes del barrio, el tepiteño viene a ser el chilango más emprendedor de esta ciudad, pero no le dan “chance” de que realmente se abra paso y la pueda hacer.
“Es sorprendente que haya jóvenes en Tepito que hablen dos, tres idiomas, profesionistas con un nivel sociocultural máximo, un contacto con la alta tecnología del mundo y nos quieran hacer aparecer como simples peladitos, en cárceles y delincuentes gachos”.