ella.grajeda@eluniversal.com.mxRealizar el proceso de cambio de sexo a un hombre o a una mujer no sería oneroso para el gobierno del Distrito Federal, pero significaría el reconocimiento de derechos a transexuales como parte de la sociedad.
Para demostrarlo, Juan Luis Álvarez Gayou, director del Instituto Mexicano de Sexología (Imesex), preparó un estudio sobre cuánto significaría para las autoridades de salud de la ciudad de México realizar operaciones de cambio de sexo.
En principio, dijo, sólo se necesita capacitar cuatro equipos multidisciplinarios con dos sicólogos, un siquiatra, dos cirujanos y un internista o médico familiar, quienes deberán tomar un curso de 16 horas para el protocolo de diagnóstico y atención a personas transexuales.
La operación y los talleres de capacitación costarían 260 mil pesos, más gastos adicionales como consultas y el suministro de hormonas, las cuales no se requerirán aumentar porque son usadas comúnmente en la práctica ginecológica y urológica.
El estudio identifica a los hospitales Balbuena, Rubén Leñero, Villa y Xoco como los únicos de la red hospitalaria con la infraestructura para concretar el cambio de sexo.
Para el Imesex, este proyecto implicaría una mínima inversión comparado con el presupuesto anual que recibe la Secretaría de Salud del DF que no llega ni a 1%. Además, estas cirugías no requieren equipos, instalaciones e insumos de alta especialidad.
En entrevista, Álvarez Gayou consideró que estas cirugías cuestan lo mismo que apendicectomía o retirarle la matriz a una mujer.
“La demanda no será avasalladora por el número reducido de personas con esta condición”, consideró.
Por eso, exhortó a Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal, a revisar este proyecto de costos, pues una operación de cambio de sexo no es onerosa.
Desde su perspectiva, apoyar la iniciativa de ley de cambio de sexo sería un gesto de humanismo y de reconocimiento a los derechos humanos de los transexuales.
Fernando o Alicia
“Yo me quiero sintonizar con mi sexo interno”, confiesa Fernando “N”, quien desde hace tiempo vive una doble vida y quisiera operarse para cambiar de sexo.
Desde muy pequeño sintió la necesidad de ser niña. “No sabía que era, ni lo entendí. Hoy soy un hombre casado. Por dentro soy Alicia y por fuera Fernando”.
Visiblemente emocionado confiesa: “Si pudiera me operaría. Aspiro a vivir una vida normal. Quiero vestirme y sentirme lo que soy: una mujer. Soy Alicia”, insiste.
Para Fernando, quien es un hombre profesionista exitoso, vivir así, como él, es como si alguien estuviera cojo o le faltara algún miembro de su cuerpo. Y lo peor, dice, es que cuando lo descubren es señalado socialmente.
“Quiero tener la oportunidad de vivir feliz. En otros países como España, Argentina, Venezuela, Brasil y Estados Unidos, los gobiernos locales apoyan a los transexuales. ¿Porqué aquí no?”.
Fernando comenta que hay opciones como tomar hormonas u operarse. Pero no es suficiente porque hay temor de que, a la larga, lo dañen.
Sin embargo admite: “Es preferible vivir completa unos años, que incompleta de por vida”.