df@eluniversal.com.mxUna pirámide de espejos, entre un monte de piedras, con cascada de agua y estrellas luminosas, fue el altar que este año hicieron los Peñaflor, una de las familias con mayor tradición en la creación de ofrendas a la Guadalupana, en la colonia Santa Julia, donde música y baile se prolongan por dos días.
En lo que fue el territorio del Tigre de Santa Julia, entre las calles de Quetzalcoátl, Cacamatzin, Tonantzin, Laguna de Términos y en Lago Cuitzeo, Chapala y Mayram, en la colonia Anáhuac, cada año se crean un promedio de 120 altares a la Virgen Morena.
Aunque no hay premios, niños, jóvenes y adultos mayores, hacen todo lo posible porque su altar sea el mejor para halagar a la Guadalupana, en cuya creación interviene toda la vecindad, como sucede en el 92 de Lago Chapala, donde Raúl Velásquez se encarga desde hace 22 años de dirigir los trabajos en los que intervienen entre otros, Alberto Rayón y “El venado”, como conocen a Bernardo Lugo.
Los retenes con lazos y chaloras, se establecen dos semanas antes del 12 de diciembre, en la mayoría de los sitios donde habrá un altar, como en la esquina de Laguna de Términos y Cacamatzin, ahí un grupo de muchachos detienen el paso de los autos “para que cooperen”.
“Y es que en el altar invertimos hasta 10 mil pesos”, apuntó doña Carmen Barranco, quien presume tener “la virgen más grande de la Santa Julia”, que es de tamaño real, pues mide 1.62 metros”, la cual está acompañada del Sagrado Corazón de Jesús y de “mi San Juditas, que cada año envejece más”, afirmó al mostrar el cabello encanecido de su imagen.
En cambio en el 36-46 de Quetzalcóatl, Armando Pineda Bautista, solventa junto con su familia y vecinos, el costo del altar “por pura devoción a la virgencita”, afirma junto a don Francisco Hernández Guzmán, de 76 años, quien señaló que siendo joven “empezamos esta tradición que ahora va en la cuarta y quinta generación”.
Silvestre y Guadalupe Peñaflor, “iniciaron hace 57 años a poner un altar a la virgen aquí en el número 35 de Quetzalcóalt”, medio siglo después esta familia que ahora integra a más de 60 hijos, nietos y biznietos, “seguimos con la tradición”, apuntó Donato , quien junto con su hermano Marcelino daban los últimos detalles a su altar.
Aquí la pirámide de cristales fue encendida al anochecer del 11 de diciembre, al recibir la imagen de la Guadalupana “hija”, porque la mayor que cuenta ya 57 años, permanece en un altar interior junto a “Juan Dieguito”, imágenes que gozan de nichos en los que los Peñaflor, invierten más que en sus propias casas, “porque es nuestra santa Patrona”.
Santa Julia y la Anáhuac, no duermen desde la noche del 11 de diciembre y prolongan la fiesta por más de 24 horas.