sara.pantoja@eluniversal.com.mxHace seis años, cuando murió su esposa, Anselmo Flores volvió a la peregrinación a la Basílica de Guadalupe. Antes, ella y sus hijos le pidieron retirarse para no empeorar su salud. Pero su fe pudo más.
Con 81 años a cuestas, recordó cuando tenía 19 y empezó con esta tradición en Puebla, su estado natal. El paso de los años le provocó enfermedades que se agravaban cada diciembre por la tortura al caminar.
“Ya no me dejaba mi familia venir andando por las lastimaduras en los pies. Pero como ya falleció mi esposa y ahorita me encuentro solo, estoy viudo, volví a esta peregrinación”, contó, mientras descansaba en el piso con los pies lacerados.
Sus años de trabajo le valieron una pensión y hasta las fuerzas para tener un negocio de barbacoa y mixiotes. Ayer, fue hasta la casa de la “Virgen morena” para “saludarla”, escuchar misa y pedirle no mucho, sólo “que me dé fortaleza para volver, porque allá donde vivo, la Virgen me acompaña”.
Así como él, miles descansaban en la explanada de La Villa. Eran de Tlaxcala, Morelos, Veracruz, estado de México, Guerrero y Jalisco, quienes tendieron cobijas y casas de campaña para pernoctar ahí y escuchar la misa.
Otros llegaron en la madrugada, como Luis Espinoza, de 12 años, cuyos ojos mostraban el cansancio, pero también la emoción de llegar con su madre y su tía “para rezar por mi familia, para que nos vaya bien”.
Para Ana Karen Romero, de 18 años, de Puebla, fue el quinto año consecutivo que fue con la Virgen a “pagar” su manda por salvar a su hermana gemela de la fiebre reumática. Fue con su padre, quien juró la visita al menos durante nueve años si regresaba bien de Estados Unidos, a donde se fue de ilegal.
El puente papal también sirvió de albergue para quienes no alcanzaron lugar en la Casa del Peregrino. Al despertar enrollaron sus cobijas y se las echaron a la espalda, así como sus imágenes de la “morenita del Tepeyac”. Algunos dejaron huellas de su estancia: hojas de tamal y vasos de atole entre las jardineras y el paso.
Esas mismas hojas estorbaron a los feligreses que llegaron de rodillas, —con guantes, plásticos o a piel desnuda—, escoltados y motivados por sus esposas y sus hijos. También fueron obstáculo para los deportistas sin piernas que peregrinaron en sillas de ruedas.
Al terminar la misa de siete, los fieles se formaron para ver el manto “original” de la Virgen.
Hacia el medio día, policías protagonizaron un conato de bronca con fotógrafos. Hubo jaloneos y patadas que lastimaron a una mujer embarazada y un menor de edad.
Minutos después, Karina Salazar, de 20 años y visitante de Perote, Veracruz, fue trasladada al hospital regional de Ticomán ya que presentó labor de parto. El futuro padre comentó que se llamaría Guadalupe.