angelica.simon@eluniversal.com.mxHace dos meses Camilo pasó la noche más larga de su vida. Se acostó temprano porque al día siguiente tenía un compromiso importante, pero no pudo dormir. El arrepentimiento y la angustia no se lo permitían.
La cita del día siguiente era en punto de las 9:00 horas. El asunto: recoger sus resultados de la prueba del Virus de Inmunodeficiencia Humana.
“La verdad es que me la fui a hacer por nada en particular o por todo… no es que hubiera tenido una relación en particular que me preocupara… pero en muchas ocasiones no me había protegido o no del todo”, comenta.
Durante la noche, dice, hizo la lista de sus encuentros ocasionales, de las calenturas que terminaron en el hotel o en el cuarto del amigo sin importar si a penas conocía a la chava o si traía condones o no.
“¡Chale!, la verdad es bien gacho porque te das cuenta que eso de andar de galán te puede arruinar la vida si no te cuidas”.
A sus 21 años, Camilo ha tenido al menos 13 parejas sexuales, la mayoría han sido encuentros ocasionales.
“Después de una borrachera lo que empieza en faje puede terminar en algo mucho más cañón, eso pasa a veces y para no quedar mal con la vieja o con los cuates, pues te avientas aunque no tengas protección”.
Este joven universitario nunca había pensado en la posibilidad de tener el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), confiesa. Acudió a hacerse la prueba por insistencia de unos amigos.
“Fuimos en bola, seis amigos y yo para agarrar valor… nos sacaron una muestra de sangre y nos hicieron varias preguntas sobre si habíamos estado en situaciones de riesgo, o sea sin protección. Lo peor es que yo sabía que si”, afirma.
Esa noche previa a la entrega de sus resultados, cuenta, no solo fue la más larga sino también la peor y al mismo tiempo la más productiva de su vida. “Llore, pedía que no permitieran que tuviera Sida, pensé en todo lo que había hecho mal y me prometía que si el resultado era negativo me iba a cuidar”.
Cuando llegó a recoger sus estudios le preguntaron si estaba listo para recibir la respuesta y qué haría en caso de que el resultado fuera positivo, relata.
“Empecé a sudar frío, la mente se me puso en blanco y se me salieron las lágrimas… juraba que me iban a decir que si tenía Sida. Cuando me dijeron que estaba sano, me regresó el calor al cuerpo”.
Camilo, asegura que sintió muy de cerca la posibilidad de tener VIH y cuando eso pasó, “se me vino abajo el mundo”, ahora que sabe que no lo tiene, afirma, nunca más tendrá una relación sin protección. “Solo así me cayó el veinte”.