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Playas artificiales, sin arena ni visitantes

El que fuera uno de los proyectos más importantes del gobierno, hoy está entre el abandono y la “remodelación”
Playas artificiales, sin arena ni visitantesPlayas artificiales, sin arena ni visitantes
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TEXTOSARA PANTOJA FOTOS ADRIÁN HERNÁNDEZ
El Universal
Sábado 01 de diciembre de 2007

sara.pantoja@eluniversal.com.mx

Desiertas. Con botellas de agua vacías, fichas de cerveza, basura y hojas de árboles secas. Las playas artificiales que en las vacaciones de Semana Santa fueron la sensación del gobierno capitalino, hoy están en completo abandono.

En la Casa Popular de Magdalena Contreras, en Villa Olímpica, en Tlalpan, y en el Bosque de Aragón, en Gustavo A. Madero, la arena traída desde Veracruz ya no es la atracción para los niños ni los adolescentes.

Ya no existen chapoteaderos, toboganes y mucho menos las enormes filas de familias enteras esperando horas para “conocer la playa”.

Durante un recorrido que hizo EL UNIVERSAL en las distintas instalaciones, se encontró a un par de niños que jugaban en la arena, pero sólo porque este viernes no tuvieron clases.

En la playa de Contreras, Rodolfo, de 10 años de edad, hizo un hoyo hasta donde tocó el concreto y lo volvió a tapar. “Ando aquí jugando en lo que mi hermanito ensaya en la escolta. Vine porque hoy no tuve clases, pero no había venido antes”, dijo.

Atrás de donde jugaba, están los sanitarios, cuyas paredes en abril no estaban llenas de rayones y grafitis con decenas de mensajes como: “Te amo Javi Att: Lezti”.

El nivel del arena bajó notablemente. En contraste, en la cancha de fútbol —actualmente en remodelación— más de 100 costales llenos de arena, y formados en hilera, sirven para detener la alfombra de pasto sintético.

Al fondo, en la pared de la cancha de futbol rápido, sigue la frase: “La capital de la diversión”.

Al iniciar Semana Santa, el gobierno abrió seis playas artificiales: Villa Olímpica, en Tlalpan, Casa Popular, en Magdalena Contreras, Bosque de Aragón, en Gustavo A. Madero; en el deportivo Reynosa, Azcapotzalco, en el Olímpico, en Iztacalco, además del bosque de San Luis Tlaxialtemalco, en Xochimilco.

En la primera semana, las autoridades informaron que asistieron poco más de 100 mil personas y calcularon un costo arriba de 2 millones de pesos.

La primera, en el olvido

De los 60 mil visitantes que recibió la playa de Villa Olímpica, ya sólo queda el recuerdo.

Aun cuando el deportivo sigue abierto para las personas inscritas en el mismo, la arena ya no sirve ni para los camastros, pues fueron arrumbados en una esquina y encimados, además de que las palmas que hicieron de techo en los lugares para comer, están secas.

Adriana Gaytán fue a arreglar un asunto de microcréditos, cuando Yabin y Ubaldo, sus dos hijos, descubrieron la arena y fueron a jugar con ella. “Sí me enteré de la playa, pero no los traje, primero, porque había mucha gente y luego, por miedo a que se enfermen de la piel, son muy delicados y esto no se ve nada higiénico”, contó la habitante de la colonia Popular Santa Teresa.

Desaparecieron también las redes de la cancha de volibol, las palapas, los paseos en pony y la pista de go-cars , cuyos vehículos están en una esquina cubiertos con la misma lona que antes anunció la primera playa artificial del Distrito Federal.

¿En mantenimiento?

En el bosque de Aragón, la playa artificial y todo el deportivo están “cerrados por mantenimiento”.

Desde temprana hora, trabajadores de la Secretaría de Obras, el Sistema de Aguas y de la delegación Gustavo A. Madero cortaban el césped, barrían, pintaban y trasladaban material, pero no para la playa, sino para la pista de hielo que abrirá la próxima semana.

Desde atrás de las rejas que rodean el bosque —aunque sólo en algunas partes—, se observaron dos grandes borregos que comían pasto sin importar pasar por la arena, junto a la alberca, el chapoteadero y el tobogán por los que meses atrás la gente esperaba más alrededor de dos horas para poder disfrutarlos.

“Esos borregos son de los trabajadores, aquí se quedan noche y día, al fin que la gente ya no viene porque el agua está fría y no hay caldera”, aseguró un policía que cuidaba la zona.

Ya tampoco están los cinco areneros ni los vendedores ambulantes, la marimba, los sonideros, los juguetes de playa. Nada de eso quedó.



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