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“Piénsalo bien”, “te vas a arrepentir”, “vas a dejar a tus hijos sin padre”, son algunas respuestas de las autoridades cuando una mujer denuncia violencia. En lugar de hacer valer sus derechos, los minimizan, aseguró Wendy Figueroa, directora del Centro de Atención Integral a la Mujer.
Indicó que no hay sensibilidad de quienes aplican la ley aún cuando existan marcas evidentes de violencia.
“A veces las mujeres son violentadas no sólo emocionalmente por sus familias y pareja, sino también por la misma autoridad”.
La violencia psicológica, dijo, es la más difícil de probar, aunque si existiera personal que realizara peritaje en la materia se denunciaría con más facilidad.
Contó que cuando acompaña a las mujeres a los Ministerios Públicos “si llega una mujer llorando le dicen regrese cuando se calme, así no le entendemos; pero si hace la denuncia tranquila y serena no le creen el maltrato”.
Afortunadamente, dijo, ya existe una iniciativa de ley a nivel local, en la cual se corrigen la concialiación dentro del capítulo de sanciones, pues la mujer “no puede negociar algo que no es negociable: el respeto a sus derechos y dignidad”.
Así, cuando las mujeres deciden acabar con la violencia, pueden acudir a las Unidades de Atención y Prevención de la Violencia Familiar (Uapvif), localizadas en las delegaciones.
Concepción Martínez, directora de Atención y Prevención de la Violencia Familiar, de la Secretaría de Desarrollo Social del DF, explicó que ahí se les da terapia psicológica, atención médica, talleres sobre sus derechos y capacitación laboral.
Las mujeres en mayor riesgo de violencia pueden ser canalizadas a un albergue, en el Distrito Federal existen tres: dos en manos de organizaciones civiles y uno del gobierno capitalino.
Su capacidad es de 10 a 11 mujeres con sus hijos.
De acuerdo con la especialista, la estancia de la mujer violentada en un albergue le sirve para conocerse, valorarse y aprender diversas formas de sobrevivir. “Desafortunadamente, la mayoría de las mujeres, al salir regresan con sus maridos” pues no conocen las opciones para “reempezar su vida”, como créditos para la compra de una casa o facilidades de empleo, señaló. Acabar con la agresión a la mujer implica romper con la estructura social: modificar la educación, costumbres y hábitos de las personas desde niños, con valores de igualdad y equidad de género.