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La ausencia de ambulantes transforma la vida de vecinos

Ya se oyen entre sí y tardan menos en trasladarse
La ausencia de ambulantes transforma la vida de vecinosLa ausencia de ambulantes transforma la vida de vecinos
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Alberto Cuenca
El Universal
Lunes 12 de noviembre de 2007

alberto.cuenca@eluniversal.com.mx

Para algunos habitantes de la ciudad de México como los vecinos del Centro Histórico, la vida en medio de todos los sucesos registrados en el corazón de la metrópoli los ha llevado a crear hábitos como cerrar puertas y ventanas para atemperar el ruido de la calle y asi escucharse entre ellos o captar los mensajes del radio o la televisión.

Se han acostumbrado al ajetreo y a ser herméticos, al menos así lo asegura Graciela Luna, propietaria de un departamento en República de Venezuela 87, justo frente al mercado Abelardo L. Rodríguez.

Tal es la fuerza de la costumbre, dice, que cuando los ambulantes se retiraron de las calles le costó trabajo ubicar su casa durante una ocasión que descendía de un microbús.

Muchas cosas han cambiado con la reubicación del comercio informal, pues quienes viven en el primer cuadro dicen que ya puedan apreciar las fachadas de los muchos edificios ocultos por lonas y plásticos durante años, como explica María de Jesús Hernández, vecina de la calle Leona Vicario.

Para ella, es toda una nueva experiencia llegar en siete minutos desde esta calle a la de República de Bolívar, cuando antes hacia 45 minutos en ese trayecto.

Beneficio a estudiantes

Una fachada que ya se puede observar, por ejemplo, es la de una escuela secundaria técnica 63, ubicada en la calle del Carmen, donde los alumnos y maestros debían cerrar las ventanas para que no entrara el ruido, recuerda Pablo Gutiérrez, otro vecino del Centro Histórico.

En casa, dice este colono, se seguía la misma regla de encerrarse para escuchar noticias o programas de televisión, porque con las ventanas abiertas sólo llegaba el ruido de la vendimia y los altavoces que portaban los ambulantes en las esquinas de Lecumberri y Leona Vicario.

Sí, el Centro Histórico se disfruta más, pero hay cosas que no hay cambiado, relatan los habitantes, pues a las calles del primer cuadro no han dejado de llegar autobuses foráneos repletos de gente proveniente de Veracruz, Guerrero, San Luis Potosí o Aguascalientes, a quienes se les hecho costumbre viajar hasta el corazón de la ciudad de México para hacer compras.

Esos camiones generan mucho ruido y a ellos se suman microbuses o autos que de nueva cuenta pasan por calles como El Carmen, luego de 10 años que ningún vehículo pudo transitar por esa arteria, explica el vecino Pablo Gutiérrez.

Todo llegó al perimetro “B”

Pero el dedo en el renglón lo poner Rosa María Islas, vecina de Leona Vicario 58; desde hace medio siglo ella vive aquí, a media cuadra del límite entre los perímetros “A” y “B” del Centro Histórico, justo donde la zona liberada de ambulantes se topa con banquetas atiborradas de vendedores, si tan sólo voltea a la acera de enfrente.

Desde ese perímetro “B”, acusa, llega a diario el sonido de la vendimia, de las bocinas y de las plazas comerciales; ese ruido generan un efecto sonoro “como si tuviéramos a los comerciantes aquí en la oreja”, dice la vecina.



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